—¿Decepcionado?
Rodrigo se rio con desprecio.
—¿A cuál de las dos cosas se refiere? ¿A que Rafael no sobrevivió o a que a usted le va demasiado bien?
—No necesita andar con rodeos, señor Zárate. Diga lo que tenga que decir —respondió Vanessa. Tenía el altavoz activado y miró a Rafael.
Rafael mantuvo la calma, sin inmutarse. Rodrigo volvió a hablar:
—Si alguien como Rafael muriera, ¿habría que decir que subestimó a su enemigo o que este era demasiado fuerte? Ahora todo Cartaluz espera una respuesta de las familias León y Cisneros. Señorita León, fue al hospital desde temprano y todavía no ha salido. ¿Teme que los demás no crean que el señor Cisneros murió?
Las oscuras insinuaciones de Rodrigo cargaron de tensión la habitación. Rafael frunció apenas el ceño. Enseguida recuperó la calma y sonrió. A Vanessa se le cortó la respiración.
Pronto comprendió que Rodrigo sospechaba de ellos. Sabía que la noticia de que Rafael había muerto era una trampa.
—No se involucre, o al Corporativo Zarza le será imposible hacerse un lugar en Cartaluz —advirtió Vanessa.
Por muy poderosos que fueran los contactos del Corporativo Zarza, en Cartaluz no le servirían de nada.
Sus palabras dejaron clara su postura. Podía hacer la vista gorda ante las maniobras de la familia Zárate, pero no permitiría que el Corporativo Zarza se entrometiera en sus asuntos.
Entre gente inteligente, no hacía falta explicarlo todo. Rodrigo se rio.
—Parece que me entendió mal, señorita León. Nunca me involucro en asuntos que no me aportan ningún beneficio.
Tras una pausa, añadió:
—Ah, y espero que logre lo que se propone.
Vanessa colgó, tensa.
—Sabe que estás bien —concluyó Vanessa sin apartar la mirada de Rafael.
Rafael permaneció indiferente, aunque su expresión era sombría.

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