La mirada de Antonio perdió todo su brillo. La decepción y el dolor se mezclaron en sus ojos. Vanessa dijo:
—En mis manos, la empresa seguirá perteneciendo a la familia Cisneros.
—Pero, Édgar, después de todo lo que hiciste, hace mucho que dejaste de considerarte parte de esta familia, ¿no es así?
—¡Cállate! No tienes derecho a hablar aquí. —Las facciones de Édgar se contrajeron de furia. Deseaba estrangular a Vanessa.
Si habían llegado a ese punto, todo era por culpa de ella.
—Te aconsejo que devuelvas las acciones por las buenas; si no, no respondo.
La amenaza de Édgar no surtió ningún efecto. Vanessa sonrió con calma antes de responder con desprecio:
—Mírate nada más. ¿Qué podrías hacerme?
—¡Maldita...!
Édgar apretó la mandíbula y no supo qué responder.
Era cierto.
Perder Grupo Firax le costó una fortuna. Para apoderarse de la empresa, les dio mucho dinero a esos hombres. También le pagó una fortuna a Damián.
¡Claro!
Damián había enviado gente a comprar las acciones dispersas de Grupo Firax. Todavía no estaba derrotado. Cuando Damián las consiguiera, podría negociar con Vanessa.
Si ella se negaba, aunque tuviera acciones en su poder, con Grupo Firax en ese estado tampoco podría salvar la situación.
Alexis volvió en sí y se acercó a Vanessa. Miró con dolor a Antonio y después dedicó una sonrisa amarga a Vanessa.
—Ahora hasta el abuelo está de tu lado. Vanessa, sí que eres increíble. ¿Cómo pudiste hacer algo así? ¿Nuestros cinco años juntos no fueron más que uno de tus trucos?
Con todas sus intrigas, Vanessa terminó apoderándose de todo Grupo Firax.

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