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El Arquitecto De Mi Refugio romance Capítulo 99

Capítulo 99 —Solo son seis años, no hables como si fueras un anciano.

Al decir esto, Vanessa pensó en que el estilo de vida de Rafael era, en efecto, muy maduro y conservador. A sus casi veintinueve años, no tenía ni un solo escándalo, nunca se le vio con mujeres y tampoco había rumores de que frecuentara lugares de mala muerte o fiestas salvajes.

Todos en su círculo social sabían que Rafael se mantenía impecable. Era tan disciplinado y se cuidaba tanto que cualquiera pensaría que estaba guardando su pureza para alguien especial.

—Con ser mayor que tú es suficiente. —Rafael sonrió con una actitud divertida que no desapareció de sus labios—. Además, estás muy flaquita; siento que si sopla el viento te va a llevar. Tienes cuerpo de niña.

—Claro que no, ya crecí muy bien —protestó ella, mientras inflaba el pecho—. Si no me crees, mira...

Un momento.

"¿Por qué tenía tanta prisa por enseñarle?" Se sintió muy apenada, así que se dio la vuelta para irse.

Pero Rafael no la dejó. Estiró el brazo, la tomó por la cintura y la jaló hacia él.

—¿Qué miro?

Él le hablaba tan cerca que ella sentía su respiración tibia en la cara. Vanessa sentía que iba a explotar de la vergüenza.

"¿Por qué hice eso? ¿Qué quería que viera? ¿Que mi cuerpo ya es de mujer?« Ella se mordió el labio y bajó la mirada, sin atreverse a mirarlo.

—Yo... solo estaba bromeando.

Rafael la miró con intensidad, le tomó el mentón y le levantó la cara.

—Me gustaba más cómo estabas hace un momento.

¿Por qué no me lo muestras otra vez?

A Vanessa se le calentó todavía más la cara; sentía las orejas calientes.

Por suerte, se escuchó a Ricardo desde la entrada.

—Señor, tiene unos documentos urgentes que debe firmar...

El asistente apareció en el momento menos oportuno y recibió una mirada fulminante.

Rafael lo miró con dureza y dijo con frialdad:

—Te quedaste sin bono.

Ricardo se quedó tieso, con ganas de llorar.

"¡No puede ser!" No se esperaba que, a plena luz del día, el jefe y su esposa estuvieran tan juntos en la sala.

Además, ¿desde cuándo se habían vuelto tan cercanos?

Al ver que Ricardo los había encontrado en un momento tan íntimo, Vanessa se puso roja como un tomate y empujó a Rafael con ambas manos.

En la habitación, además de don Antonio, estaba el resto de la familia.

—Hasta que te apareces. —Yolanda se veía muy enojada—. Dime, ¿qué hizo Alexis para que lo golpearas así? Lo dejaste hospitalizado, tiene varias costillas rotas.

Alexis estaba acostado en la cama, envuelto en vendas. Su cara estaba tan hinchada que ni siquiera se reconocía su apariencia habitual.

Natalia habló con tono de lástima:

—Mira cómo dejaste a Alexis. No importa lo que haya pasado, no debiste tratarlo así.

Se detuvo un momento y luego añadió:

—Además, ¿quién es Vanessa para ti? Ya van varias veces que golpeas a tu hermano por ella. ¿No será que tú y ella tienen algo en secreto?

Yolanda lo miró furiosa.

—Sí, dinos qué está pasando. Hoy lo vas a aclarar.

Aunque seas el heredero de los Cisneros, no tienes derecho a lastimar a tu hermano.

Rafael le lanzó una mirada y respondió con una voz que parecía ocultar algo más:

—¿Hermano? ¿Estás segura?

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