Después de todo, Federico y ella solo tenían una relación de dueño e inquilina.
Más que amigos, eran simples compañeros de casa.
Cada uno tenía su propio cuarto y no se metían en la vida del otro.
A menos que hubiera algún asunto importante o ella cocinara justo cuando él estaba, casi no interactuaban.
Aun así, aunque no se buscaran para platicar, de vez en cuando se cruzaban.
Pero últimamente, Kiara no lo había visto ni una sola vez.
Su intuición se lo decía claro...
Federico la estaba evitando.
—¿Estará enojado? —murmuró Kiara sola en la sala, con la vista clavada en la puerta principal.
Era la primera vez que deseaba que la puerta se abriera y él entrara.
Ese día se había pasado de la raya.
Federico la había ayudado, y ella lo dejó abandonado en pleno puente para irse con Agustín.
Sacó su celular, queriendo mandarle un mensaje por WhatsApp para pedirle perdón.
Sin embargo, ya habían pasado varios días; sacar el tema ahora resultaba bastante incómodo.
Kiara dio tantas vueltas por la sala dudando qué hacer, que terminó mareada.
***
Las Islas Zafiro.
Un país archipiélago.
Famoso en todo el mundo por su turismo.
Allí, cada hotel abarcaba una isla entera.
El clima era envidiable, los paisajes hermosos y tenían todo tipo de entretenimiento.
Hotel Wharton.
Carlota, la matriarca de la familia Santos, estaba allí de vacaciones.
La familia había reservado el lugar entero, y sus dos nietos, Federico y Alexander, la acompañaban.
Carlota ya rozaba los ochenta años y quería aprovechar para viajar mientras el cuerpo se lo permitiera.
Y de paso, averiguar indirectamente cómo iba la vida amorosa de su nieto mayor.

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