Temiendo despertarla, se movió con extremo sigilo, tratándola como si fuera un objeto frágil y de un valor incalculable.
Kiara no soñó nada esa noche, durmió de corrido hasta que amaneció.
Al abrir los ojos, se dio cuenta de que estaba en la cama principal, arropada con un edredón suave y los bordes perfectamente acomodados.
Federico, por su parte, ni siquiera se había quitado el traje. Estaba encorvado, recostado sobre el borde de la cama, en una posición que no se veía para nada cómoda.
Kiara sintió un extraño vuelco en el corazón.
La cama era lo suficientemente grande; si Federico no quería dejarla sola, bien podía haberse acostado a su lado para cuidarla. Al menos habría sido más cómodo que estar ahí recostado.
Claro que, de haberlo hecho, aunque no pasara nada entre ellos, habrían terminado durmiendo juntos.
Las mejillas de Kiara se sonrojaron ligeramente.
Justo cuando pensaba despertar a Federico, su celular sonó primero. Era un WhatsApp de Cristina:
[El investigador privado ya está en posición. Tu porquería de marido acaba de entrar al parque de diversiones con la amante y la hija ilegítima.]
Kiara abrió bien los ojos y apenas entonces recordó que era sábado.
El parque de diversiones recién inaugurado estaba a reventar de gente. De vez en cuando se escuchaban gritos ensordecedores.
Rosario caminaba entre la multitud, dando brinquitos de felicidad.
Bianca, a su lado, tampoco dejaba de sonreír y platicar.
¡De hecho, pensaba usar a Rosario como excusa para pedirle a Agustín que las llevara al parque de diversiones!
Jamás imaginó que Agustín fuera el que se ofreciera a llevarlas a disfrutar todo el día.
Bianca estaba rebosante de orgullo.
¿Qué importaba si últimamente Agustín se la pasaba presumiendo de su «amor» con Kiara?
En el fondo, Agustín seguía pensando en ella y en Rosario.
Al ver a Bianca y a Rosario tan felices, Agustín respiró aliviado.

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