Su vestido era nuevo, ese día era la primera vez que se lo ponía y ya estaba todo batido de helado.
Considerando que había sido una niña, se había aguantado el coraje, pero jamás imaginó que ese hombre le saliera con semejante descaro.
—Tu hija me aventó el helado encima. Todavía ni te pregunto cómo lo vas a arreglar, ¡¿y tú me vienes a exigir cuentas a mí?!
Nada más de escucharla hablar, Agustín se dio cuenta de que Selene no era alguien con quien meterse.
Miró a Rosario, que seguía llorando a moco tendido.
—¡Yo no fui! —gritó Rosario a todo pulmón—. Fue la señora, ella me chocó primero.
Al ver a Rosario tan segura de sí misma, Agustín no lo dudó ni por un segundo.
—Eres una adulta, te pasas chocando con una niña, ni siquiera lo admites y ¡todavía te niegas a pagar un simple helado que no te cuesta nada!
Selene puso los ojos en blanco, exasperada.
—Mira nada más, de tal palo tal astilla. Justo por tener a un papá tan irracional como tú, tu hija miente a tan corta edad...
—Al principio ni pensaba hacerles nada, pero ahora no voy a dejar las cosas así... ¡Vamos a checar las cámaras de seguridad!
Al oír que quería revisar las cámaras, Agustín notó que Rosario se escondía en su pecho, asustada, y dejó de hacer su berrinche.
Agustín era un adulto al fin y al cabo; la reacción instintiva de Rosario le dijo que seguramente ella había mentido.
Pero ya había hablado de más y no podía echarse para atrás.
—¿A poco vas a pedir las cámaras por una tontería como esta? Vengo con la niña y no tengo tiempo de pelear contigo. Ya ni me pagues el helado, ¡ahí la dejamos!
Agustín abrazó a Rosario, dispuesto a darse la media vuelta y marcharse.
—¡Tú te esperas!
Selene lo detuvo en seco.
—¡En mi vida había visto a un padre tan cínico como tú! ¿Cómo que te echas para atrás nada más de oír sobre las cámaras? ¡Si hace un rato andabas muy gallito!
Ante el regaño de Selene, Agustín se quedó mudo.
—Pues fíjate que este vestido también es de edición limitada y cuesta ciento ochenta mil pesos. ¿Que no necesito pagarte el helado? ¡Tú me vas a tener que pagar mi vestido!
Agustín se quedó con la boca abierta al oír la cifra.

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