—Papi, no fue a propósito, es que esa señora era muy mala...
—Sí, ya sé que no es culpa tuya, Rosario.
Agustín le dio un beso en la mejilla a su hija.
Para él, Rosario solo se había asustado con esa mujer que parecía estar en la menopausia; no creía que hubiera mentido con mala intención.
—Eres mi princesa, lo más hermoso que tiene papi.
Agustín no paraba de consentir a Rosario.
La había llevado al parque de diversiones con la intención de que se divirtiera y estuviera contenta.
No iba a dejar que una loca cualquiera les arruinara el día.
En cuanto Agustín logró calmar a Rosario, Bianca regresó. Así que, los tres juntos, siguieron disfrutando de las atracciones nocturnas del parque.
No pararon hasta que el parque cerró sus puertas, y entonces por fin se fueron a casa.
A esa misma hora, Kiara recibió el reporte que Cristina le envió por mensaje.
El investigador le había conseguido bastantes fotos de lo que necesitaba.
Sin embargo...
La fase más crucial en el desarrollo del nuevo medicamento seguía atascada en el asunto de los ratones transgénicos humanizados.
Mientras no solucionara eso, le sería imposible avanzar a la siguiente etapa.
—Ojalá que el seminario de mañana me sirva de algo... —murmuró Kiara, que estaba sola en su oficina, trabajando horas extras.
El seminario del día siguiente trataría sobre innovación médica. Se rumoreaba que habría una presentación muy importante de una experta en farmacología, una mujer que había triunfado en el extranjero, con múltiples artículos en la Revista de Farmacología, y que apenas había regresado al país para asumir la dirección del instituto de la Universidad San Laureano.
—Quién sabe cómo será la nueva directora...
Los ojos de Kiara brillaban llenos de expectativa.
Últimamente había estado tan metida en la investigación del fármaco que no había tenido tiempo de leer revistas médicas. Fue Aitor quien le comentó que los artículos de esa doctora eran muy respetados en el medio.
Kiara se quedó trabajando toda la noche en la empresa, hasta que por fin regresó a Casa Altavista ya de madrugada.
A esa hora, Federico ya se había ido a trabajar.

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