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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 1017

Las palabras de Servando hicieron que Samuel palideciera de la conmoción.

«Si está diciendo la verdad, que la Alianza de Guerreros dio la orden de esto, ¡entonces nuestra familia está acabada!».

—¡Deja de inventar cosas, Servando! No creo te creo ni una palabra, ¡y tampoco te entregaremos nuestros negocios! —gritó desafiante Tristán.

Apenas había dicho esto, cuando una fuerte explosión se escuchó desde afuera de la mansión. Lo siguiente que supieron fue que una de las mansiones de la Familia Benítez se vino abajo.

Silvestre se abrió camino entre la sala un momento después, y Servando con rapidez le ofreció la silla al verlo.

—Si se niegan a hacer lo que les pidió, todos ustedes terminarán como la mansión de afuera.

El aura de Silvestre era tan dominante, que Tristán se puso pálido y se desplomó contra el suelo al instante. Después de todo, a un Gran Maestro como él, le era imposible soportar el aura de un Gran Maestro de las Artes Marciales.

La mirada en el rostro de Samuel fue desagradable al ver esto.

—Espero que nos den más tiempo. Tenemos demasiados negocios a nuestro nombre, así que no serían capaces de dirigirlos, aun cuando se los entreguemos en este momento —dijo en un intento por ganar más tiempo.

—Viejo, ¡ni siquiera se moleste en tratar de ganar más tiempo! Tenemos gente capaz de manejar las cosas aquí, ¡así que solo entréguenos todo! —le gritó Servando, antes de poner su mirada en uno de los miembros de alto rango en la Familia Benítez, mientras le preguntaba—: Ramiro, ¿eres capaz de dirigir los negocios de la Familia Benítez?

Ramiro, un hombre de mediana edad y apariencia gentil, con rapidez dio un paso al frente y contestó:

—Por supuesto que puedo Señor Contreras, conozco cada uno de los negocios de la Familia Benítez como la palma de mi mano. Aquí hay una lista de sus negocios para su referencia.

Ramiro le entregó a Servando un documento, pero Servando ni siquiera se molestó en tomarlo. En lugar de eso, solo le mostró a Samuel una sonrisa burlona en respuesta. Samuel se quedó inmóvil de la ira y comenzó a temblar de manera incontrolable, cuando vio eso.

—¡Abuelo!

Tristán corrió hacia él para sostenerlo. Después de tomar algo de tiempo para recuperar la compostura, Samuel le lanzó a Ramiro una mirada furiosa, mientras decía:

—Ramiro, ¡la Familia Benítez ha sido demasiado generosa y gentil contigo! ¿Cómo te atreves a traicionarnos de esta forma?

«Con las cosas así, ¿qué más puedo hacer? No me queda más que entregar los negocios de nuestra familia».

Samuel lucía como si hubiera envejecido diez años en un instante, cuando cerró sus ojos y dijo impotente:

—Tristán, ve a traer el sello…

—Abuelo, ¿en verdad vas a entregar los negocios de la familia? —le preguntó su nieto mientras apretaba los dientes.

Le dolía mucho ver a Samuel en ese estado.

—Sí, solo hazlo. ¿Qué otra opción tenemos? —contestó Samuel moviendo su mano.

Tristán no tuvo más opción que traerle a Samuel su sello tal y como se lo pidió.

—Dije que protegería a la Familia Benítez, así que al menos deben pedir mi opinión, ¡antes de tratar de extorsionarlos de esta forma! —dijo Jaime, mientras se abría camino muy despacio entre la sala.

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