Ambos, Tristán y Samuel estaban felices al ver a Jaime. Samuel estaba tan emocionado que saltó sobre sus pies y gritó:
—¡Señor Casas!
Jaime ayudó a Samuel a sentarse, antes de levantar su mirada hacia Servando y Silvestre.
—¿De verdad planean encargarse de los negocios de la Familia Benítez, cuando esto es todo lo que tienen?
Ambos hombres palidecieron, ya que no esperaban que Jaime apareciera de repente. Además, no lucía como si hubiera sido herido.
—¡Ah, Jaime! ¡Solo estamos discutiendo algunos negocios! —tartamudeó Silvestre, mientras se levantaba de la silla.
A pesar de su posición como un Gran Maestro de las Artes Marciales, Silvestre sabía muy bien que no era rival para Jaime. Él comprendió esto, desde que vio a Jaime matar a Ignacio, en el torneo internacional.
Ya que el aura de Jaime, con toda claridad se había vuelto mucho más fuerte, las oportunidades de Silvestre para defenderse se habían reducido de manera considerable.
—Pensé que habías sido herido de gravedad, Jaime —dijo Servando confundido.
—¿Herido de gravedad? ¿Por quién? ¿Ese idiota de Humberto? —preguntó Jaime con una mueca de desdén.
«¿Qué? Humberto es un Gran Maestro de las Artes Marciales de Máximo Nivel, quien con facilidad puede eliminarnos si así lo quiere. ¿Cuán poderoso puede ser Jaime, si no le teme a Humberto?».
Ambos hermanos Contreras pensaron en esto con temor.
—Nosotros solo venimos aquí para discutir algunos negocios, Jaime. Ya que Samuel no está de humor, nos iremos en este momento —dijo Silvestre, mientras le indicaba a Servando que dejaran el lugar.
—¿Acaso dije que podían irse?
Los ojos de Jaime se entrecerraron, mientras movía una de sus manos, haciendo que las puertas se cerraran al instante. Ambos, Silvestre y Servando se quedaron inmóviles, antes de darse la vuelta muy despacio para ver de frente a Jaime.

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