—Está bien. Ya que quieren competir, ¡hagámoslo! —Jaime hizo un gesto con la mano y continuó—: Estaré recluido los próximos días. Si no hay nada urgente, ¡por favor no me molesten!
—¡Claro! —Teodoro asintió.
Justo en ese momento, un miembro del Ministerio de Justicia llegó a toda prisa y dijo:
—General, alguien solicitó reunirse con el Señor Casas.
—¿Quién? —Se sorprendió.
De momento, Jaime estaba considerado como la manzana de la discordia de todo el mundo de las artes marciales en la Ciudad de Jade. Quien se atreviera a acercarse a él se consideraría que iba en contra de la Alianza de Guerreros.
El hecho de que alguien buscara a Jaime había tomado a Teodoro por sorpresa.
—Dijo que se llama Heliodoro Delgado —contestó.
—¿Cómo llegó aquí? —Jaime estaba igual de asombrado.
Desde que se separaron en la antigua tumba, no había visto a Heliodoro, aunque este último le había dejado una buena impresión.
Cuando Jaime siguió al miembro del Ministerio de Justicia hasta el vestíbulo, vio a Heliodoro bebiendo té.
Heliodoro se levantó de inmediato al verlo. Con una mirada de adoración en su rostro, dijo:
—Jaime, sí que eres increíble. No puedo creer que te atrevas a desafiar abiertamente a la Alianza de Guerreros. Me estoy hartando de esa gentuza. Pero, no quiero tener una pelea con ellos. Eres increíble.
Jaime sonrió.
—Yo tampoco tengo opción.
—Adelante, haz lo que tengas que hacer. Tendrás todo mi apoyo. La Alianza de Guerreros no puede seguir imponiéndose a todo el mundo. Alguien debe enfrentarse a ellos. —Heliodoro le dio una palmada en los hombros.
El otro hombre sonrió y habló:
—Heliodoro, ¿viniste hasta aquí solo para adularme?
—Ja, ja, ja. Si quiero adularte, no hace falta que venga hasta aquí. Puedo pagarle con facilidad a un grupo de personas para que lo hagan en el foro de artes marciales, sería aún mejor. Vengo a buscarte por un asunto importante. —Mientras Heliodoro decía eso, recorrió con la mirada los alrededores.



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