—¿Por qué me buscas? —preguntó Jaime con calma.
—Jaime, estoy aquí para echarte una mano. No quiero hacerte ningún daño. —Pareció notar que Jaime no era muy acogedor.
—¿Echarme una mano? —Frunció el ceño—. ¿Con qué?
Heliodoro acababa de marcharse tras aconsejarlo. Al momento siguiente, apareció Saulo.
«¡Esto es demasiada coincidencia!».
—Jaime, vengo de lejos. ¿Me vas a obligar a estar de pie afuera para hablar? —dijo Saulo con una sonrisa.
Jaime lo miró y dijo:
—Pasa.
Saulo procedió a entrar en la habitación con sus hombres. Nada más entrar, los ojos de Saulo se llenaron de codicia al ver a Lejanía.
Jaime notó la extraña mirada de Saulo y de inmediato guardó el cuadro en el Anillo Almacenador.
Los ojos de Saulo ardieron de deseo cuando vio el anillo.
Justo entonces, el hombre bajito habló:
—Señor Noguera, ¿no va a presentarnos?
Fue entonces cuando Saulo recuperó la compostura. Se dirigió a Jaime y comentó:
—Jaime, este es Calixto Guillén, Barón del noroeste.
Calixto saludó a Jaime antes de decir:


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