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El despertar del Dragón romance Capítulo 1084

Entonces, Ramón esbozó una enorme sonrisa, antes de relatar:

—Bueno, hace más de veinte años, a diferencia de ahora, el famoso grupo de guerreros de la Aldea de Villanos estaba conformado por cinco miembros, no cuatro; de hecho, yo solía ser uno de ellos. —Su voz resonó llena de nostalgia, al tiempo que dejaba escapar un pequeño suspiro; después de una pequeña pausa, añadió—: En aquel entonces, descubrí que mi enemigo mortal pretendía acabar con mi vida; durante mucho tiempo y aunque intenté huir de mi fatídico destino, pronto descubrí que mis esfuerzos eran en vano, por lo que justo cuando me encontraba acorralado, tu madre me salvó. Desde ese entonces, decidí abandonar mi hogar para convertirme en su escolta; fue así como me convertí en miembro de la Familia Duval y adopté el nombre de Ramón Duval. —Al terminar de emitir esas palabras, esbozó una pequeña sonrisa al mirar a Jaime, antes de proseguir—: Aunque nunca he regresado a la Aldea de Villanos, el Cuarteto Vil recuerda nuestros días, por lo no dudarán en acudir en mi ayuda.

Al escuchar aquella sorprendente historia, Jaime se limitó a mirarlo, boquiabierto, al tiempo que recapacitaba:

«¡Es increíble que Ramón perteneciera a ese legendario grupo! Aunque he descubierto la verdad acerca de este valioso aliado, no puedo decir nada al respecto de la Secta Dragón, pues solo me arriesgaría a revelar todo mi plan».

Ante esa idea, se dispuso a despedirse de sus hombres para dirigirse a toda velocidad al aeropuerto, en compañía de Isabel.

Debido a que el noroeste se encontraba justo en la frontera de Cananea, la joven pareja no tardó en arribar a su destino desde Ciudad Jade; el pequeño rincón del país vecino era un lugar casi inhóspito, dónde se encontraba un enorme bosque que muchos artistas de las marciales solían visitar para mejorar sus habilidades de cultivación. Al aterrizar en Ciudad Zen, la capital del noroeste, Jaime notó que la urbe estaba casi desierta; mientras recorría el desolado lugar con la mirada, no pudo evitar pensar:

«Me siento como si hubiera viajado en el tiempo, pues había escuchado que los habitantes de este lugar preferían vivir en contacto con la naturaleza, pero nunca me hubiera imaginado que sería más pequeña, incluso, que Ciudad Higuera».

De pronto, escuchó una voz al exclamar:

—¡Señor, permítame llevarlos a su hotel! —En ese momento, un taxista apareció, con una enorme sonrisa en el rostro.

Ante la invitación, Jaime se limitó a hacer un pequeño gesto con la cabeza, mientras tomaba a la chica entre sus brazos; entonces, ingresó al vehículo en silencio. Tras una pequeña pausa, Jaime le indicó al conductor:

—Necesito que nos lleve al hotel más cercano, pues debemos descansar. —Su voz parecía insegura al hablar, ya que desconocía el lugar exacto de la residencia de Calixto, así que planeaba encontrarla en un lugar seguro.

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