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El despertar del Dragón romance Capítulo 1092

Entonces, el apuesto hombre sintió un intenso dolor en el pecho, al tiempo que advertía un cálido líquido escarlata emanar de su boca, por lo que Isabel se apresuró a su lado para ayudarle a limpiar cualquier rastro de sangre; tras permanecer absorto en sus pensamientos por un momento, se escuchó su voz al aseverar:

—Al parecer, el hechizo creó un campo magnético que replica cualquier fuerza; por ello, no lograremos salir de esta manera, pues mientras más fuerza utilice, mayor será el impacto que reciba. —En ese momento, su semblante se endureció por completo.

—¡Entonces, estaremos atrapados para siempre! —exclamó Isabel en un chirrido lleno de terror.

Al escuchar sus palabras, el joven no pudo evitar pensar, consternado:

«Ahora que logré alcanzar la Fase de Elixir Dorado, no tendré ningún problema en continuar sin agua y alimentos; sin embargo, Isabel no podrá sobrevivir, en especial, después de haber perdido todos sus poderes, así que no podemos perder más tiempo».

Ante esa idea, Jaime se apresuró a decir en tono lleno de entusiasmo para intentar tranquilizarla un poco:

—¡Ven! ¡Estoy seguro de que encontraremos una salida pronto! —Al terminar de emitir esas palabras, la pareja se dirigió al piso superior y casi de inmediato vislumbraron una barrera luminosa que se interponía en su camino; tras detenerse, el joven añadió, casi en un susurro—: ¡Cuidado! No te muevas; iré a explorar un poco. —Entonces, tan pronto pudo acercase lo suficiente, alzó la mano para tocar la resplandeciente luz; una vez que colocara un dedo sobre la etérea superficie, sintió una intensa corriente eléctrica recorrerle todo el cuerpo, al tiempo que varias imágenes de posturas marciales aparecían en el muro, antes de desaparecer sin dejar rastro. A pesar de haber sucedido en tan solo un instante, el joven pudo memorizar cada uno de los movimientos; entonces y tras una breve pausa, prosiguió ejecutar cada posición. De inmediato, la barrera se esfumó en un abrir y cerrar de ojos; al percatarse de la curiosa escena que se suscitaba frente a sus ojos, miró a Isabel, antes de exclamar, emocionado—: ¡Toma mi mano!

Después de hacer lo que le indicaban, la chica comentó, extrañada:

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