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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 1220

Después de una pequeña pausa, Jaime anunció en tono tranquilo:

—Si alguien más desea unírsele al Señor Herrera, es el momento. —Al terminar de hablar, se dispuso a recorrer el lugar con la mirada; ante la atemorizante escena que se suscitaba frente a sus ojos, los semblantes de aquellos hombres palidecieron por completo. En ese momento, Saulo comenzó a sentir el corazón acelerársele, ante la posibilidad de perder la batalla, por lo que no pudo evitar meditar, desconcertado:

«¡No logro comprender cómo pudo aumentar sus poderes en tan poco tiempo! Si bien es verdad que este hombre fue capaz no solo de derrotar a Edgar, sino de eliminar a Humberto en el pasado, todos esos encuentros debilitaron a Jaime, al punto que casi pierde la vida; por ello, es imposible que Manuel, quien también poseía el título de Gran Maestro de las Artes Marciales, no pudiera prevalecer en esta ocasión…».

Entonces, mientras enormes gotas de sudor le cubrían la frente, Saulo se apresuró a aseverar, con voz entrecortada:

—Debo admitir que nunca me hubiera imaginado que serías un digno oponente para estos guerreros; supongo que los objetos mágicos sirvieron para mejorar bastante tus habilidades de combate… —Al terminar de emitir esas palabras, dejó escapar un enorme suspiro, exhausto, antes de añadir—: No obstante, estoy seguro de que no lograrías sobrevivir un solo ataque de otra manera; después de todo, eres un patético hombre que necesitó una pequeña ayuda para aumentar sus poderes.

Ante esas crueles palabras, Jaime se limitó a dejar escapar una estruendosa carcajada, al tiempo que respondía, con voz llena de desdén:

—Bueno, sé a la perfección que siempre has deseado apoderarte de esos objetos mágicos, así que deberás aprovechar esta oportunidad.

A pesar de intentar provocar su furia, Saulo decidió permanecer inmóvil, pues era evidente que no podría salir victorioso si continuaba con un ataque; por lo tanto y tras una breve pausa, se apresuró a mirar al resto de los hombres, antes de hacer un pequeño gesto con la cabeza. De inmediato, varias auras resplandecientes rodearon cada uno de aquellos musculosos cuerpos, al prepararse para la avanzada; entonces, se escuchó la voz de Saulo al ordenar en tono enérgico:

Incesantes olas de energía golpearon al grupo de guerreros, mientras Jaime blandía la espada una y otra vez; entonces, sus contrincantes comenzaron a bloquear cada una de las arremetidas al lanzar impresionantes cantidades de Energía Marcial Mágica para intentar hacerle daño. Mientras ambos bandos continuaban con sus ofensivas, aquellas titánicas cantidades de energía inundaron el minúsculo campo de batalla, por lo que no tardaron en encontrarse en un desolado páramo, pues cualquier construcción cercana sucumbió en una lluvia de escombros; después de tan solo un momento, un silencio sepulcral volvió a inundar la atmósfera, pues los guerreros aguardaban para vislumbrar el resultado de su estrategia. No obstante, pronto advirtieron que, aunque varios rayos de Energía Marcial Mágica habían logrado destruir enormes fragmentos de la dorada armadura protectora, Jaime permanecía de pie, mientras los observaba. De hecho, su rostro se había endurecido por completo, con un aura amenazadora; ante la tétrica escena que se suscitaba frente a sus ojos, Saulo volvió a exclamar en tono enérgico:

—¡Ataquen!

Al escucharlo, Jaime se apresuró a prepararse para el impacto al levantar la espada en posición de ataque; tan pronto, el primer guerrero se hubo acercado, la enorme hoja de la legendaria arma cortó su cuerpo por la mitad, al tiempo que abundantes chorros de sangre salpicaban al resto.

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