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El despertar del Dragón romance Capítulo 1224

Debido a que el platillo poseía la esencia del Marqués de las Artes Marciales de Nivel Máximo, era evidente que alguien con un título inferior no podría sobreponerse a una fuerza de tal magnitud; mientras los hombres observaban en silencio, un ensordecedor estallido inundó la atmósfera del lugar, al tiempo que el platillo se quebraba en mil pedazos. De inmediato, todos pudieron vislumbrar el cuerpo salpicado de sangre de Jaime, cuyo pecho emitía una resplandeciente luz dorada en forma de dragón; si bien el joven no solo parecía haber sufrido graves heridas, sino que su aura se había desvanecido de manera considerable, su semblante se endureció por completo al posar una intensa mirada en el aterrorizado rostro de Saulo, quien tan solo un momento después, logró tranquilizarse un poco, antes de anunciar, con voz alegre:

—¡Al parecer, la esencia dragoniana es, en verdad, algo extraordinario, pues gracias a ella, has logrado soportar la devastadora fuerza de un Marqués de las Artes Marciales de Máximo Nivel! —Al escucharlo, el resto de los guerreros se disponían a volver a huir del lugar, por lo que el hombre se apresuró a añadir—: ¡Tranquilos, no teman! ¡Tan solo vean el patético estado de este hombre, así que no será difícil derrotarlo con facilidad! —Al terminar de emitir esas palabras, dejó escapar una estrepitosa carcajada triunfante; en efecto, tan pronto escucharon su estoico discurso, los guerreros permanecieron inmóviles, al tiempo que resonaban algunos vítores. Casi de inmediato, se escuchó la voz de un líder de las familias al comentar en tono lleno de entusiasmo:

—¡Señor Noguera, permítame acabar con la miserable vida de este joven arrogante! De esa manera, cimentaré la posición de mi prestigiosa familia en Ciudad Jade, ¡así que no puedo perder esta grandiosa oportunidad! —Al terminar de emitir esas palabras y antes de que alguien más pudiera reaccionar, el hombre se abalanzó en contra su oponente; tan solo un momento después, alzó el puño para intentar golpear el hermoso rostro de Jaime. Sin embargo, el apuesto joven no tardó en bloquear el impacto; entonces, el guerrero, se elevó por los aires para iniciar una nueva arremetida, mientras Jaime aguardaba, inmóvil, el nuevo ataque. Al tiempo que lo observaba en silencio, la pequeña figura del dragón en su pecho resplandeció con una luz cegadora, hasta cobrar vida; de inmediato, la mitológica criatura alzó el vuelo para embestir al guerrero. Al impactar, el cuerpo del atacante estalló en mil pedazos, por lo que una lluvia de una cálido líquido rojo cayó del cielo, hasta salpicar a todos los presentes, y de inmediato la bestia desapareció sin dejar rastro; de pronto y aunque había logrado salir victorioso, era evidente que el súbito despliegue de poder debilitaría a Jaime de manera considerable, pues no tardó en emitir un doloroso suspiro que casi lo hacía caer al suelo, por lo que tuvo que utilizar la Espada Matadragones para mantenerse de pie.

Sin embargo y a pesar de su delicada situación, ninguno de los hombres se atrevió iniciar un nuevo ataque ante la violenta escena que se suscitaba frente a sus ojos; entonces, un silencio sepulcral inundó la atmósfera, mientras Saulo meditaba:

«Debo encontrar una manera de apoderarme de todos los objetos mágicos; de hecho, incluso si tan solo logro conseguir la esencia dragoniana y la Torre Pentacarna sería suficiente para incrementar mis poderes a niveles descomunales en poco tiempo. Sin embargo, sé a la perfección que no podré vencerlo…».

Ante esa idea, esbozó una pequeña sonrisa, antes de continuar con sus pensamientos:

«Estoy seguro de que alguien más podrá acabar con su vida sin ningún problema…».

De inmediato, miró a uno de sus hombres, antes de hacer un gesto con la cabeza; entonces, el sirviente salió a toda velocidad del lugar. Tan solo un momento después, pudieron vislumbrar dos figuras y después de una breve pausa, Jaime logró reconocer al hombre que había aparecido, pues se trataba de Lázaro Delgado, la cabeza de la Familia Delgado. Al advertir la presencia de Jaime, el semblante de Lázaro palideció por completo, en especial, al notar el deplorable estado en el que se encontraba; mientras sus miradas se entrelazaban, Jaime comenzó a sentir el corazón acelerársele al pensar:

«¡No puedo creer que Lázaro haya decidido unirse a la Familia Noguera!».

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