Después de tan solo tres días, no solo las heridas de Jaime sanaron por completo, sino que su Energía Espiritual alcanzó niveles inimaginables; además, aunque sus habilidades eran un poco inferiores, El Cuarteto Vil podría recuperarse en su totalidad, gracias a las propiedades curativas de la Torre Pentacarna. Como sus hombres permanecerían en su interior por un mes, Jaime decidió continuar con sus planes.
Al salir de la milenaria estructura, vislumbró a Colín en la puerta de entrada; tan pronto advirtió su presencia, el joven se abalanzó en su dirección, antes de rodearlo entre sus brazos en un cálido abrazo. Entonces, un pequeño grupo de guerreros élite del Estado de las Sombras hicieron un gesto con la cabeza, en señal de respeto; tras una breve pausa y ante la curiosa escena que se suscitaba frente a sus ojos, Jaime se apresuró a indagar en tono curioso:
—Me pregunto cuánto tiempo estuve dentro, pues al parecer, fue un largo período, ya que necesitaban protegernos de ataques externos.
Al escucharlo, Colín dejó escapar una estrepitosa carcajada, antes de responder en tono alegre:
—¡Tan solo fueron tres días! ¡Debo admitir que decidí llamar a los guardias, pues nunca me hubiera imaginado que sanarías tan pronto! —Al terminar de emitir esas palabras, recorrió con la mirada el cuerpo del hombre a su lado, atónito.
De inmediato, Jaime esbozó una enorme sonrisa, mientras decía:
—Bueno, ahora que partiré, podrás utilizar la Torre Pentacarna para no solo perfeccionar tus habilidades de cultivación, sino que serás capaz de aumentar tus niveles de Energía Espiritual al máximo. —Entonces, dio una pequeña palmada en el hombro del joven.
Sin embargo, antes de que pudiera reaccionar, Colín se apresuró a decir en un chirrido lleno de desesperación:
—¡Jaime, espera! ¡Iré contigo! —Al terminar de hablar, se disponía a avanzar, por lo que no pudo evitar sobresaltarse al sentir la fuerte mano de Jaime ceñirse en su brazo; tras una breve pausa, el apuesto hombre sentenció en tono severo:
Al llegar a su destino, Jaime se apresuró a tomar su móvil para llamar a Teodoro; tras una breve pausa, se escuchó una voz varonil al otro lado del auricular, por lo que el joven no tardó en pedirle una lista de todas las familias y sectas que trabajaban para la Familia Noguera. Tan pronto distinguió la voz de Jaime, Teodoro prosiguió a hacer lo que le indicaban.
El primer nombre pertenecía a Tiberio, el líder de la Secta del Sol Oscuro; al recordar a aquel hombre, Jaime no pudo evitar esbozar una enorme sonrisa triunfante, pues no solo poseía el título de Gran Maestro de las Artes Marciales Nivel Seis, sino que se trataba de una minúscula secta insignificante, cuyos miembros eran guerreros mediocres. De hecho, aunque Tiberio había intentado unirse a la Alianza de Guerreros en múltiples ocasiones, la legendaria organización los rechazaría en cada ocasión, por lo que, ante la posibilidad de desaparecer al no lograr sobrevivir en Ciudad Jade sin el apoyo de alguien poderoso, decidieron unirse a la Familia Noguera.
…
Esa noche, de vuelta en la vivienda de Tiberio, el hombre yacía en la cama, junto a una hermosa mujer; tras haber sucumbido al sueño, no pudo evitar sobresaltarse al escuchar el tumulto de una inmensa explosión que se desataría fuera de su hogar. Por ello, no dudó en tomar un arma para protegerse del inesperado intruso; sin embargo, una vez fuera de su habitación, su semblante palideció por completo al advertir los innumerables cuerpos inertes de sus hombres sobre el suelo. Un silencio sepulcral inundó la atmósfera del lugar, al tiempo que Tiberio sentía el corazón acelerársele al vislumbrar a una imponente figura vestida de negro de espaldas, que no tardó en encararlo; en consecuencia, Tiberio no pudo evitar sentir enormes de gotas de sudor sobre la frente al reconocer a Jaime y justo cuando se disponía a decir algo al respecto, el apuesto hombre se limitó a alzar el brazo, a toda velocidad, antes de cortar su cabeza de un solo golpe. Tras emitir un sonido seco al caer al suelo, Jaime se dispuso a tomar el pesado objeto entre sus manos, mientras las infernales llamas de su venganza devoraban aquel lugar.

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