—¡Oh, estás vivo! ¡Estás vivo! —Cecilia rompió a llorar de alegría.
Jaime quiso darle una palmada en la espalda, pero pronto se dio cuenta de que no podía mover la mano. Estupefacto, intentó sentarse, pero sus piernas se negaban a moverse.
Sólo podía controlar su mente, y su cuerpo estaba fuera de su control. Jaime entró en pánico al instante.
Con cuidado, empezó a revisar su cuerpo. Para su sorpresa, descubrió que el elixir dorado de su cuerpo se había convertido en una figura dorada.
La pequeña figura dorada era idéntica a él.
«¿Podría ser un Alma Naciente?».
Jaime se emocionó tanto que casi gritó. Ni en sus sueños más salvajes sabía que alcanzaría el Alma Naciente.
«¡Esto es una bendición disfrazada!».
Jaime no pudo evitar recordar la última batalla que tuvo con Demetrio. ¡Fue Demetrio quien aplastó su campo de elixir y su elixir dorado!
«¿Hay que romper el elixir dorado para alcanzar el Alma Naciente? Sin destruir lo viejo, no se puede construir lo nuevo, ¿eh?».
Finalmente, Jaime descubrió por qué no podía alcanzar la siguiente fase. Nunca pensó en romper su elixir dorado, pues no se le ocurrió que tendría que hacerlo para alcanzar la siguiente fase. El verdadero conocimiento proviene de la práctica constante. Así, Jaime tuvo que averiguar muchas cosas por sí mismo.
Cecilia se alegró de ver a Jaime sano y salvo.
—Deja de llorar. Ayúdame a levantarme —le dijo Jaime.
Cecilia se sorprendió al escuchar eso.
—Jaime, no puedes levantarte. No tienes más remedio que estar aquí tumbado. Tienes los huesos aplastados.
Jaime frunció el ceño.
«No me extraña que no pueda controlar mi propio cuerpo. Resulta que mis huesos están aplastados. Entonces, ¿de qué me sirve alcanzar el Alma Naciente?».

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