Entrar Via

El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 1459

Las expresiones de Sion, Edgar y los demás cambiaron de golpe. Utilizaron a toda velocidad su energía marcial para formar una gran barrera negra a su alrededor.

¡Bum!

El loto explotó en el aire por encima de ellos, provocando una aterradora onda expansiva en todas direcciones. Las innumerables chispas que produjo la explosión habrían caído sobre ellos de no ser por la barrera.

Tan pronto como la barrera fue quemada por las llamas, comenzó a derrumbarse.

Como resultado, chispas de llamas se posaron en sus cuerpos. Aunque la fuerza del fuego espiritual había disminuido, aún era capaz de quemarlos. Sus ropas se incendiaron llenas de agujeros mientras saltaban presas del pánico.

Un sudor frío cubrió la frente de Jaime. Usar aquella enorme cantidad de energía mental lo había agotado demasiado, tanto que se sentía bastante mareado.

La multitud se sorprendió de que él solo fuera capaz de poner a Sion y a los demás en un estado tan miserable.

«Si hubieran sido ellos los atacados, tal vez ya habrían sido asados».

Astrid, que se había quedado en un rincón, miró a Jaime con curiosidad y respeto. En ese momento, su opinión sobre él había cambiado mucho.

«No esperaba que sus capacidades superaran su imaginación una y otra vez. Su tenaz perseverancia está sin duda fuera del alcance de la gente corriente».

—¿Qué están mirando? ¡Mátenlo de una vez! —Edgar rugió a la multitud; sus ojos llenos de rabia.

El grupo de gente intercambió miradas entre sí. Si Sion y los demás seguían siendo llevados a un estado tan miserable por Jaime, incluso después de haber trabajado juntos, ¿no significaría eso que la multitud tenía aún menos posibilidades de ganar?

Al ver que nadie atacaba, Edgar ladró:

—¡Si alguno de ustedes se niega a atacar, no piensen que conseguirán algo de aquí!

Eso hizo que por fin alguien actuara.

—¡Vamos, maldita sea! ¿De qué hay que tener miedo? —gritó Jesús mientras corría hacia Jaime.

Decenas de personas lo siguieron a toda prisa para atacar a Jaime. Sion y Edgar se alegraron de verlo.

Con lentitud se acercó a Jaime, que estaba al borde de la muerte, con una sonrisa de suficiencia.

—Mírate, Jaime. Hasta un perro muerto tiene mejor aspecto que tú. ¿Cómo vas a luchar contra mí? —Acarició la mejilla de Jaime.

Para entonces, Jaime ya ni siquiera tenía fuerzas para levantar el brazo. Lo único que pudo hacer fue escupir a Edgar.

Edgar no se enfureció por eso. En lugar de eso, estiró la palma de la mano y la apretó contra la cabeza de Jaime.

—Tus habilidades pronto serán mías. Una vez que termine de absorber tu poder, no habrá nada que puedas hacerme, aunque vivas —se mofó.

Entonces, una tenue niebla negra entró en el cuerpo de Jaime antes de empezar a consumir su poder.

Una fría sonrisa se dibujó de pronto en el rostro de Jaime mientras usaba la Técnica del Enfoque.

En un principio, Edgar había planeado succionar el poder de Jaime, pero enseguida se dio cuenta de que era su energía marcial la que estaba siendo extraída por Jaime.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón (Jaime Casas)