Entrar Via

El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 1485

Al ver que el rostro de Colín se había enrojecido y contorsionado de dolor por la falta de oxígeno, René asintió y cedió:

—De acuerdo, me iré contigo. Deja que se vaya.

Edgar sonrió al verla capitular. Despreocupadamente, se deshizo de Colín como si éste fuera un trozo de basura.

—¡No! ¡Que te j*dan, Edgar! ¡Mátame! ¡Mátame! —rugió Colín, ignorando la sangre que brotaba sin cesar de su boca.

Sinceramente, ansiaba la muerte.

«¡Mientras esté muerto, no tendrá con qué amenazarla!».

Por desgracia, Edgar ni siquiera le dedicó una mirada. Le dijo a René:

—Ven conmigo, y no se te ocurra hacer ninguna tontería.

Luego miró a sus subordinados, y unos cuantos miembros de la élite de la familia Duval se adelantaron. Unos rayos de luz se manifestaron y se convirtieron en cadenas de hierro que sujetaban a René.

René lanzó una mirada a Colín antes de marcharse con Edgar sin decir nada.

Colín bramó desesperado. Quería incorporarse y dar caza, pero ni siquiera podía mantenerse en pie.

Cuando se llevaron a René, Isabel escuchó el alboroto y se acercó a toda prisa. La conmoción la inundó cuando vio a Colín tan herido.

—¿Qué demonios pasó aquí, Colín? ¿Dónde está René?

—René ha sido secuestrada por Edgar. Se la llevó —respondió Colín con la amargura dibujada en el rostro.

Con las cejas fruncidas, Isabel se apresuró a ayudarlo a ponerse en pie y corrió de vuelta a la Secta de los Dioses de la Medicina, con la intención de contárselo a Ramón y encontrar una forma de salvar a René.

Jesús residía en la residencia Corral de Ciudad de Jade.

Desde que regresó de la prueba, había recibido muchos núcleos de bestia tras haberse afiliado a la Alianza de Guerreros y a la familia Duval.

Jesús, que había escuchado el alboroto, salió corriendo con algunos hombres. En cuanto vio a los miembros de su familia muertos en el suelo, frunció el ceño.

—¿Quién eres? ¿Por qué entraste en la residencia de los Corral y mataste a los miembros de la familia Corral?

—¡Soy la persona que va a matarte!

—¿Matarme? ¿Hay rencor entre nosotros? ¿Por qué quieres matarme?

Jesús estaba totalmente desconcertado, pues sentía que no había ofendido a nadie.

—¿Por qué? —Jaime resopló y se quitó la máscara.

En cuanto vio el rostro del hombre, Jesús se quedó helado y su expresión se tornó cada vez más sombría.

Jaime agitó la mano y un tenue rayo de luz se materializó y envolvió toda la residencia de los Corral.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón (Jaime Casas)