Jaime no pensaba dejar escapar ni a un solo miembro de la familia Corral.
En el siguiente latido, los ojos de Jesús se abrieron de par en par.
—J…Jaime... ¿estás vivo?
—Por supuesto. No sólo sigo vivo, sino que además mis capacidades se han elevado. ¿No lo notas?
Una ligera vibración brotó del cuerpo de Jaime y una presión aterradora descendió del cielo. Jesús sintió que sus órganos se retorcían y estuvo a punto de escupir sangre.
Lo soportó a la fuerza, aunque sus piernas empezaron a temblar.
Por desgracia, al resto de los miembros de la familia Corral no les fue tan bien. Bajo la aterradora presión del hombre, se les salieron los ojos de las órbitas y todos explotaron y murieron.
En un abrir y cerrar de ojos, el olor cobrizo de la sangre impregnó el aire de la residencia Corral. Jesús estaba estupefacto mientras contemplaba a los miembros de la familia Corral que habían muerto trágicamente.
Era evidente que sus capacidades se habían disparado al matarlos a todos sin esfuerzo con una simple presión.
—Ya que sigues vivo, Jaime, deberías haber encontrado un lugar y permanecer escondido. Sin embargo, viniste a mi casa y cometiste un asesinato. ¿No tienes miedo de que la Alianza de Guerreros se entere?
—¿Por qué debería tener miedo? Esta vez quiero acabar con la Alianza de Guerreros en Ciudad de Jade —declaró Jaime, con los ojos entrecerrados.
Jesús clavó los ojos en el hombre. Sabiendo que era casi imposible llegar a un consenso amistoso aquel día, apretó los dientes y desató su aura. Sacó el puño, tomó la delantera y atacó a Jaime.
Desde luego, era otra cosa que pudiera alcanzar el título de Marqués de las Artes Marciales a tan tierna edad. Ese puñetazo fue extremadamente poderoso, con toda su energía marcial concentrada en su puño.
Una sonrisa desdeñosa se dibujó en los labios de Jaime al contemplar el ataque del hombre.
Levantando una mano sin esfuerzo, atrapó el puño de Jesús. Sorprendido, éste quiso retirar la mano, sólo para descubrir que no se movería del apretón.
¡Crack! ¡Crack! ¡Crack!
Sonaron huesos quebrándose. Una agonía atroz empañó la expresión de Jesús y su rostro se contorsionó en una máscara de dolor.
—Debiste esperar este día en el momento en que decidiste enemistarte conmigo.
Por muy poderosa que fuera la Alianza de Guerreros, era imposible que todo el mundo de las artes marciales de Ciudad de Jade fuera miembro. Además, no tiene sentido que las autoridades permitan que la Alianza de Guerreros amplíe su influencia hasta tal punto, pues perderían el control sobre ella.
—Sí. Aparte de las familias Delgado y Gabaldón, casi todos los demás se han unido a la Alianza de Guerreros para obtener recursos —se apresuró a contestar Jesús.
—¿El señor Salazar no hizo nada al respecto?
El desconcierto inundó a Jaime.
«¿Por qué las autoridades no hacen nada cuando la Alianza de Guerreros se está expandiendo sin control?».
—No estoy seguro de eso, pero ninguna autoridad ha dado un paso al frente para ponerle fin. Por lo que parece, están de acuerdo con las acciones de la Alianza de Guerreros. —Jesús negó con la cabeza—. Pero la Alianza de Guerreros no es monolítica en estos momentos. Muchas familias prestigiosas han agotado sus recursos y exigen reposición a la alianza...
Aquel comentario suyo le recordó a Jaime a Salvador.
«Parece que la Alianza de Guerreros ordenó a Salvador y a los demás que arriesgaran sus vidas y fueran a Ciudad Dichosa a por núcleos de bestias porque necesitaban muchos recursos para apaciguar a las muchas familias prestigiosas».

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