Aun así, Jaime no se movió. El poder de René no parecía tener efecto en él.
—¡Jajaja! No puedes salvarlo... —Edgar soltó una carcajada displicente.
Colín y los demás miraron a Edgar con furia en los ojos. Su aura aumentó exponencialmente.
Aunque murieran, no permitirían que Edgar matara a Jaime.
—Todos ustedes son como hormiguitas insignificantes. ¿De verdad creen que pueden detenerme?
Edgar pudo percibir sus intenciones asesinas y empezó a reír con creciente satisfacción.
Colín y los demás permanecieron en silencio, pero en sus ojos brillaba una cólera glacial. Era evidente que planeaban ir a por todas en la batalla.
—Señor Salazar, ¿qué debemos hacer? —le susurró Javier a Armando en ese momento.
Jaime estaba al borde de la muerte y Javier se dio cuenta de que éste no tenía intención de echar una mano.
—Esperemos a ver. Jaime no morirá con tanta facilidad.
Armando habló plácidamente mientras sus ojos se entrecerraban un poco.
Justo entonces, unos puntos de luz brillaron desde el cuerpo de Jaime.
Casi parecía como si se hubiera convertido en un rayo de luz.
Después, las nubes se agolparon en el cielo y los relámpagos brillaron mientras retumbaban los truenos.
Envuelto en luz, el cuerpo de Jaime flotó hacia el cielo.
—Esto... ¿Qué está pasando?
—¿Es una tribulación del rayo? ¿Conseguirá Jaime un gran avance ahora?
—¿Cómo es posible? ¿Quién se sometería a una tribulación del rayo en un estado inconsciente?
—Esta escena parece tan aterradora. ¿Cómo de terrible será la tribulación del rayo?
Todos miraron con atención la peculiaridad en el aire y empezaron a discutir en estado de shock.
¡Boom!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón