—El señor Casas no está muerto... El señor Casas no ha muerto —gritó Colín emocionado al ver la escena.
Todos murmuraban incrédulos mientras miraban atónitos. No entendían cómo Jaime había podido sobrevivir a tan espantosa tribulación del rayo.
Cuando Edgar se dio cuenta de que Jaime seguía vivo, su expresión se puso fea.
En ese momento, éste parecía un inmortal mientras flotaba en el aire. Sin embargo, la mancha de nubes grises sobre su cabeza no desapareció.
Bum...
Poco después, otro rayo lo alcanzó.
—¿Qué? ¿Tres rondas de tribulación del rayo?
—¡Esto es una jod*da locura!
—¡Es raro! Esto es en verdad raro…
Todos se quedaron boquiabiertos cuando escucharon el estruendo de los truenos. Incluso Armando parecía un poco sorprendido. Sin embargo, la persona más sorprendida fue Edgar.
Sólo había sufrido una ronda de tribulación del rayo cuando se convirtió en Gran Marqués de las Artes Marciales.
Aun así, se le podía considerar un talento natural especial. Sin embargo, Jaime pasó por tres rondas de tribulación del rayo.
«¿Cómo es posible?».
La confianza de Edgar se hizo añicos ante la escena que tenía delante de sus ojos.
—¡Detenlo! Deprisa. No puede someterse con éxito a la tercera ronda de tribulación del rayo. De lo contrario, seremos carne muerta... —apremió con ansiedad la vieja voz a Edgar.
Edgar recobró de inmediato el sentido. Tras aspirar hondo, de su cuerpo salieron rayos de luz negra.
Poco después, la luz negra se acumuló en la palma de su mano.
—¡Deténganlo! Va a atacar al señor Casas.
Colín se dio cuenta de lo que Edgar planeaba hacer.
Uno era el más débil cuando sufría la tribulación del rayo. Si Edgar atacaba a Jaime en ese momento, éste correría un gran peligro.
Colín soltó un rugido feroz y se abalanzó sobre él sin pensar en su propia seguridad.

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