—Se me había olvidado. No habrá próxima vez —dijo Toño avergonzado con una sonrisa incómoda. Luego, se volvió para mirar a Jaime y Forero—. ¿Quiénes son?
—Tío Toño, estos son mis amigos —explicó Tristán.
—Ah, pues pasen…
El tío de Marina se apresuró a darles la bienvenida a la casa.
Se marchó tras ordenar al ama de llaves que sirviera bebidas.
Marina estaba agotada por el largo vuelo y se fue a descansar a su habitación, dejando a Tristán haciendo compañía a Jaime y Forero.
—Señor Forero, ¿se dio cuenta de lo raro que era el hombre? —preguntó Jaime con una fina sonrisa.
—Sí. Destila una malicia diabólica. Apuesto a que practica Cultivo Demoníaco —dijo Forero sin rodeos.
—¿Cultivo demoníaco? —jadeó Tristán.
—Tristán, ¿quién es ese hombre? ¿Por qué está aquí, en la residencia de los Sandoval? Parece que también tiene un alto cargo en la familia —preguntó Jaime.
—Señor Casas, es el tío de Marina, Toño Haro. Tras el fallecimiento del padre de Marina, ésta heredó todos los negocios de la familia. Ha sido difícil para ella administrarlo todo sola. Por cierto, su tío apareció y se quedó para ayudarla. Es un genio de los negocios. En apenas un año, ha gestionado bien los negocios de los Sandoval y ha ganado mucho dinero. De hecho, Marina planea dejarle llevar el negocio familiar después de casarnos. Después de todo, ella tendrá que recuperarse en Ciudad de Jade tras dar a luz. No puede venir siempre a Puerto Blanco a supervisar las cosas —contestó Tristán.
—Ah. Entonces parece que Toño es un buen hombre. Quizá estaba siendo demasiado sensible…
Jaime bajó la guardia después de escuchar a Tristán.
Dirigir el negocio de la familia Sandoval durante un año y conseguir tales resultados no era tarea fácil. Por lo tanto, Toño debía de ser un hombre en verdad capaz.
Jaime y los demás se fueron a descansar después de charlar un rato.
Mientras tanto, más de una docena de hombres se escondían en una habitación de la residencia de los Sandoval, y cada uno de ellos desprendía el aura de un Gran Maestro Superior.

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