—Acompaño a mi amigo a gestionar unos asuntos —dijo Jaime impasible.
—Jaime, ¿este es tu amigo? —Preguntó Forero, que estaba al lado de Jaime.
—¡Sí! —Jaime asintió antes de volverse hacia Tristán y Marina y decirles—: Este es el señor Forero.
—Encantado de conocerlo, señor Forero —saludaron Tristán y Marina.
Forero asintió antes de fijar su mirada en el vientre de Marina.
Marina se ruborizó bajo su mirada. Sin embargo, Tristán frunció las cejas con desaprobación. Habría golpeado a Forero si Jaime no estuviera cerca.
«¿Cómo se atreve a mirar así a mi mujer?».
—Señor Forero, ¿qué está haciendo? —preguntó Jaime dándole un codazo.
Con expresión adusta, Forero respondió:
—Señora, ¿sabe que está embarazada de gemelos?
Marina asintió.
—Sí. Me enteré durante la revisión.
—Uno de sus bebés ha sido maldecido por espíritus malignos. Supongo que será muy difícil mantenerlo —comentó Forero con las cejas fruncidas.
—¿Qué? —exclamó Marina.
El rostro de Tristán se puso rígido y preguntó con frialdad:
—¿Qué quiere decir con eso, señor Forero?
Tristán empezó a asustarse cuando Forero dijo que uno de sus bebés estaba en peligro.
Jaime le hizo un gesto a Tristán para que dejara de hablar. Entonces, se volvió hacia Forero y le preguntó:
—Señor Forero, ¿hay alguna forma de romper la maldición?
Sabía lo capaz que era Forero. Aunque éste no era el más aventajado en su campo, tal vez fuera el mejor en la exploración de tumbas y en dibujar talismanes de túnica para ahuyentar a los malos espíritus.
Frunció las cejas con impaciencia, pues se sentía mal por haber hecho esperar a Jaime y a los demás.
—¿Y si pedimos un taxi para volver a casa? —sugirió Tristán mientras sujetaba a Marina y paraba un coche.
El grupo se amontonó en el taxi y llegó a la residencia de los Sandoval.
La residencia Sandoval era más grande y estaba amueblada con más lujos que hacía un año.
Marina se había hecho cargo de los Sandoval desde que Danilo falleció.
Como la Secta Medialuna también había pasado a formar parte de los negocios de los Sandoval, el estatus social de los Sandoval no había dejado de aumentar.
Los complejos turísticos de la Secta Medialuna eran la principal fuente de ingresos de los Sandoval.
—Marina, han vuelto. Estaba pensando en pedirle al chófer que fuera a buscarlos —pronunció un hombre delgado de mediana edad. Tenía la mandíbula angulosa y los labios un poco salientes.
—Tío Toño, ¿no te dije la hora para recogernos? ¿Por qué se retrasó? —preguntó Marina con las cejas fruncidas.
Era evidente que no estaba contenta.

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