Fernando ordenó que prepararan una habitación para Jaime.
Cuando Jaime entró en la habitación, notó que estaba muy limpia y que en el aire flotaba un dulce aroma. Además, el interior de la habitación estaba exquisitamente decorado y equipado con todo tipo de muebles. Estaba claro que se trataba del dormitorio de una mujer.
Jaime se quedó atónito y confuso al no saber por qué Fernando había dispuesto que se quedara en aquella habitación. Sin embargo, no lo pensó demasiado y se dejó caer en la cama de inmediato. Estaba impaciente por entrar en el reino secreto al día siguiente.
Después de charlar con Fernando ese mismo día, Jaime se dio cuenta de que había mucho más en el mundo que la Alianza de Guerreros de Ciudad de Jade.
Pronto, el hombre cayó en un profundo sueño.
En medio de su sueño, Jaime sintió de repente que alguien le tocaba el cuerpo. Por instinto, apartó la mano de la persona de un manotazo.
Salió sobresaltado de su sueño y empezó a sudar frío. Nunca había sido tan descuidado y se sorprendió de haber dejado que alguien se le acercara tanto sin darse cuenta.
—Ahhh…
Justo cuando Jaime iba a atacar de nuevo, escuchó un grito de mujer y se detuvo. Encendió de inmediato las luces y, para su sorpresa, vio a Astrid de pie frente a él.
Ella era la que lo había tocado.
La mujer sólo llevaba un fino vestido de noche de satén que era casi transparente bajo la iluminación de las luces.
—Señorita Gabaldón, ¿se encuentra bien? —preguntó Jaime tras girar la cabeza hacia un lado, pues no se atrevía a mirar directamente a Astrid.
—¡Eso ha sido muy duro! ¡Cómo puedes tratar así a una mujer!
Astrid hizo un puchero y parecía estar bastante furiosa.
—Perdona. No sabía que era usted. ¿Qué hace en mi habitación a estas horas? —preguntó Jaime.
—Esta es mi habitación. ¿Por qué no puedo estar aquí? —preguntó Astrid.
Jaime empezó a asustarse al escuchar eso y se disculpó de inmediato.
—Señorita Gabaldón, lo siento mucho. No puedo…
Tras decir esto, Jaime se dio la vuelta para marcharse, sintiéndose aun demasiado incómodo.
Sin embargo, Astrid le abrazó de repente por detrás y le dijo a regañadientes:
—¿Es porque no soy lo bastante guapa? ¿O no soy lo bastante capaz? ¿O es que el estatus de mi familia no es lo bastante bueno para ti? ¿Por qué? Dime una razón.
Envuelto por el calor del cuerpo de la mujer, Jaime recitó en silencio el encantamiento tranquilizador antes de decir:
—Señora Gabaldón, es usted muy guapa y la mujer más capaz que he conocido. Además, la familia Gabaldón es una de las más influyentes de Ciudad de Jade. Es que mi novia sigue detenida en la Alianza de Guerreros, y mi prioridad es sacarla… —Jaime apartó con suavidad la mano de Astrid e intentó alejarse de ella.
—De verdad que no necesito nada. Lo digo en serio. Sólo puedes utilizarme para tus necesidades físicas. ¿Por qué tu novia puede tenerte y yo no? Me gustas mucho. En verdad me gustas. Siempre estás en mis pensamientos... Tal vez ahora sientas pena por mí, pero no me importa. Aunque tengo muchos admiradores en Ciudad de Jade, ninguno me interesa. Soy una chica, y ya he tomado la iniciativa de decirte lo que siento. ¿Por qué no te apiadas de mí?
Mientras Astrid hablaba, las lágrimas empezaron a caer por sus mejillas.

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