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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 1713

Aquella patada parecía haber hecho añicos la cabeza de Junio.

Justo cuando Jaime se disponía a darle un pisotón, sintió que un aura aterradora descendía y le obligaba a apartarse en un santiamén. Sin embargo, consiguió estabilizarse tras ser empujado hacia atrás una docena de metros.

Al volverse para mirar a Kazuo, Jaime descubrió que éste se había transformado en otra persona a causa del aura escalofriante que lo empujaba.

Jaime frunció el ceño. Sus ojos se llenaron de asombro al no poder comprender cómo Kazuo había logrado ocultar su aura hasta tal punto que ni siquiera él, Jaime, podía detectarla.

—Gracias, señor Kawaguchi —le dijo Junio a Kazuo.

—¿Aún eres capaz de luchar, Junio? —preguntó Kazuo.

Junio asintió.

—¡Sí!

—Entonces sigue adelante —ordenó Kazuo—. Somos samuráis de Jetroina, y nunca nos retiramos, aun en la derrota.

—¡Sí, señor! —Junio asintió, sus ojos brillaban con una determinación sanguinaria.

Jaime estudió a Junio. Aunque podía deshacerse con facilidad de éste, la repentina aparición de Kazuo le hizo recelar.

Kazuo pareció darse cuenta de la preocupación de Jaime, pues sonrió y dijo:

—No te preocupes, no voy a involucrarme. Ustedes son los que quieren pelear, y yo, como líder de la misión, respetaré estrictamente las normas.

Jaime soltó un suspiro de alivio al escuchar las palabras de Kazuo, pues el aura que éste desprendía antes era abrumadora.

Hizo una seña a Junio.

—¡Adelante!

—Vamos. —Kazuo le dio una palmada en el hombro a Junio.

Esa palmada provocó un repentino cambio en su aura, seguido de una oleada de poder que alcanzó de inmediato su punto álgido.

Un revuelo de inquietud recorrió a la multitud, que ya no podía salir de la residencia Duval aunque quisiera.

Entonces, una niebla carmesí envolvió poco a poco a Junio. El hedor a sangre, sumado a la aterradora fuerza, puso a muchos al borde del colapso.

Algunos de los más débiles entre la multitud incluso empezaron a ponerse verdes.

Isabel y los demás apretaban los dientes con esfuerzo mientras canalizaban el aura que llevaban dentro para resistir la fuerza opresiva.

En respuesta, el cuerpo de Jaime empezó a brillar y su aura estalló en una serie de vetas doradas para resistir la de Junio.

Con la nueva resistencia añadida, la multitud se sintió visiblemente aliviada.

—¡Hmph! ¿Bola de insectos, creen que pueden defenderse de mí?

Todavía flotando en el aire, la niebla de sangre alrededor de Junio se solidificó en una tortuga gigante.

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