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El despertar del Dragón romance Capítulo 1785

—¿Cómo vas a castigarme? —inquirió Jaime con calma. No mostraba miedo a pesar de ser el objetivo del arma de Iván.

—Inutilizándote la pierna, por supuesto. —Tras hacer esa declaración, Iván apretó el gatillo sin vacilar.

Era obvio que era una persona despiadada.

¡Bam!

Se escuchó un disparo, pero Jaime se quedó clavado en su sitio como si la bala no le hubiera dado en la pierna.

Iván se puso rígido.

—¿Qué car*jo? ¿No le di a mi objetivo a pesar de estar tan cerca de él?

Desconfiando de su puntería, hizo otro disparo, apuntando a la pierna de Jaime.

¡Bam!

Otro disparo. Sin embargo, Jaime permaneció ileso.

Los motoristas se volvieron para mirar a Iván con incredulidad.

¿Había fallado dos disparos seguidos a poca distancia?

—¡Car*jo! No lo puedo creer.

¡Bang! ¡Pum! ¡Bang!

Iván disparó unos cuantos tiros sin parar hasta que agotó las balas de su arma y se vio obligado a detenerse.

Jaime se quedó allí con una sonrisa en la cara, ileso. No mostraba signos de estar afectado.

Todos, incluidos Iván y los miembros de La Hermandad Cananea, se quedaron mirando a Jaime, totalmente estupefactos. Eran incapaces de comprender cómo Jaime seguía ileso.

El cuerpo de Dago temblaba con fuerza. Si no estuvieran en público, habría caído de rodillas ante Jaime.

—¿Qué car*jo le pasa a esta pistola? —Iván tiró su arma al suelo, culpándola de no poder hacer daño a Jaime.

Jaime explicó con calma:

—No fue culpa del arma. Fui yo —Extendió las palmas de las manos, mostrando varias balas que cayeron al suelo haciendo su característico ruido.

Iván se tambaleó hacia atrás mientras miraba a Jaime con incredulidad.

Ni en sus mejores sueños pensó que vería a alguien atrapar balas con sus propias manos. El concepto parecía demasiado ridículo para ser real.

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