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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 1902

Jaime siguió a Forero de vuelta al hotel mientras Kenzo volvía para informar a Alain.

Jesica había vuelto de la Secta Demoniaca justo cuando Jaime y Forero llegaban al hotel.

Esa vez, sin embargo, parecía melancólica.

—¿Qué le pasa, señorita Zhar? —preguntó Jaime.

—Oh, no es nada. Quizá estoy un poco cansada —se apresuró a explicar Jesica.

Llevaba un frasco de poción de inversión del cultivo en el bolsillo, pero no pensaba usarla con Jaime y Forero.

Su interacción de los últimos tiempos le había dado a Jaime una impresión favorable de Jesica.

Lo más importante era que la conducta de Patricio violaba los principios de la Secta Demoniaca.

—Debería dormir un poco si está cansada, señorita Zhar —sugirió Jaime.

Jesica asintió antes de dirigirse a su habitación. Cuando pasó junto a Forero, éste no le dedicó ni una mirada, ni siquiera a sus hermosos muslos.

Eso la inquietó. De repente, sintió que Forero se había transformado en otra persona.

Jesica incluso se detuvo a propósito, pero él siguió sin mirar en su dirección.

Tal era la naturaleza de las mujeres. Cuando los hombres luchaban insistentemente por su atención, ellas los despreciaban y los consideraban moscas. Sin embargo, las mujeres no soportaban que los hombres dejaran de adularlas como ellas habían deseado.

Jesica se encontraba en tal aprieto. Aunque el frecuente acoso de Forero la enfurecía, se sentía desconcertada cuando de repente dejaba de hablarle o de mirarla.

Al final, sólo pudo volver a su habitación con cara de confusión. Forero, en cambio, permanecía sereno. La bruma de lujuria que solía nublar sus ojos había desaparecido.

Al anochecer, Jaime, Forero y Jesica comenzaron a dirigirse hacia el lugar donde nacía la hierba.

Por el camino, Jaime envió su sentido espiritual que abarcaba un radio de doce millas y pronto descubrió combatientes ya al acecho.

—Este lugar está plagado de luchadores ocultos, Jaime. Ya hay más de veinte marqueses de las Grandes Artes Marciales…

Forero también detectó las auras abrumadoramente poderosas en el aire y no pudo contener su sorpresa.

—Me temo que eso es sólo una parte. El encanto de la hierba de los diez mil años es demasiado poderoso para resistirse. Es probable que todas las sectas y familias prestigiosas hayan llegado con toda su fuerza —dijo Jaime frunciendo las cejas.

«Si ese es el caso, tengo que ser aún más cauteloso. No debo alertar a esta gente sobre el verdadero lugar de nacimiento de la hierba de los diez mil años».

Cuanto más se acercaban al lugar, más tangibles se hacían las poderosas auras. Aunque los luchadores ocultos suprimían sus auras, la densa concentración de tantos expertos en la zona seguía exudando una opresión amenazadora.

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