En ese momento, la energía dentro del cuerpo de Jaime aumentaba poco a poco, mientras él suprimía con desesperación ese poder para evitar que estallara y lo hiriera. Por lo tanto, sólo podía dejar que su nivel de energía fuera incrementando.
Jaime había percibido la llegada de Saulo, pero no se atrevía a actuar con imprudencia en ese momento. Sólo podía esperar que el poder que llevaba dentro se absorbiera más rápido.
Al percibir el estallido de energía en Jaime, Saulo supo que había llegado su oportunidad. Si esperaba más, permitiendo que Jaime lograra un avance, la situación se volvería problemática.
Saulo se acercó a Jaime mientras dirigía a cuatro hombres vestidos con túnicas de oro negro.
—Jaime, no esperabas que nos encontráramos tan pronto, ¿verdad? —dijo Saulo con sorna.
Jaime se limitó a mirarlo sin decir nada. Sin embargo, una pizca de ansiedad brilló en sus ojos.
Al ver la mirada de Jaime, Saulo se volvió aún más petulante.
—Si no fuera porque Lord Tacio está interesado en tu cuerpo, te habría decapitado ahora mismo —dijo Saulo, con los ojos llenos de intenciones asesinas.
Odiaba a Jaime hasta la médula, pues no podía olvidar que él fue el causante de la muerte de su padre y de la destrucción de la familia Noguera.
Si no fuera por Jaime, Saulo seguiría siendo el vástago de una familia adinerada, permitiéndose una vida de lujo y no corriendo de un lado a otro como sirviente de otro.
—Deja de decir tonterías. Ahora mismo está en una fase crítica, así que puedes aprovechar este momento para absorber la energía espiritual que hay en él y dejar su cuerpo mortal ileso. —Malphas, que residía en el interior de Saulo, tomó la palabra.
Saulo miró a los cuatro hombres de Túnica de Oro Negro. Luego, los cinco pusieron al mismo tiempo sus manos sobre Jaime.
Planeaban absorber la energía espiritual del cuerpo de Jaime y dejarlo incapacitado.
Además, esa energía espiritual también podría ayudarles a cultivar. Sabían que la energía espiritual dentro de Jaime era demasiado abrumadora, y si una persona intentaba absorberla toda, su cuerpo tal vez explotaría.
Sin embargo, justo cuando el quinteto ponía sus manos sobre Jaime, varias ráfagas de viento los golpearon de repente, ¡obligándolos a esquivar!

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