La cara de Josías cambió cuando miró al cielo. De inmediato se le desencajó la mandíbula y empezó a temblar.
—E…Eso... eso es energía de fe…
Josías miró la energía de la fe con incredulidad.
—¿Qué? ¿Cómo es posible? —Cuando Sixto volvió su mirada hacia Jaime, su expresión estaba llena de asombro.
Sin embargo, Jaime respondió con una sonrisa gélida. Se levantó del suelo y flotó sin esfuerzo en el aire.
La energía de la fe envolvió a Jaime e impregnó su cuerpo.
A pesar de su energía espiritual casi agotada, el campo de elixir de Jaime se revitalizó en un instante por la abrumadora oleada de energía de fe. Lo único que le quedaba por hacer era refinarlos.
Tras absorber toda la energía de la fe, Jaime descendió poco a poco hacia el suelo, irradiando una nueva aura de poder y fuerza.
Josías estaba estupefacto, ¡absolutamente estupefacto! Nunca en su vida había visto una energía de fe tan poderosa.
La fuente de tan inmensa energía de fe de Jaime era un misterio para él.
—¿Quién eres? ¿Cómo lograste obtener tanta energía de fe? —preguntó Josías a Jaime con incredulidad.
—¿Me creerías si te dijera que soy una Deidad de un país? —dijo Jaime mientras esbozaba una leve sonrisa.
—Eso es pura mi*rda. ¿Cómo vas a ser una Deidad si sólo eres un Santo de las Artes Marciales? —Josías no creía a Jaime.
«¡Un Santo de las Artes Marciales como él nunca podría ser una Deidad!».
—Está bien si no me crees. Pero ahora es el momento de que te dé una muestra del poder de mi energía de fe. —Blandiendo la Espada Matadragones en su mano, Jaime saltó en el aire.
El líder iba vestido con una camisa blanca, lo que le daba un aspecto particularmente suave.
—¡Demithor! ¿Qué hacen aquí los de la Secta Vientofuerte? —preguntó Arconte mientras fulminaba con la mirada al hombre de camisa blanca.
—¿Por qué no puedo estar aquí? La Secta Luminosa no es la dueña de este lugar, ¿verdad? Ustedes vinieron por la energía de la fe, yo también... —Demithor Carrión respondió dedicándoles una sonrisa desconcertante.
—Vamos, Arconte. Vámonos de aquí. —La chica le dio un codazo, queriendo evitar a Demithor.
—Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos, señorita Alba. Y está usted más guapa que nunca. Es una pena que no pueda casarse con nadie y disfrutar de los placeres de ser mujer desde que se unió a la Secta Luminosa. —Dedicó una mirada lasciva a la chica.
—¡Demithor, b*stardo! —Arconte frunció las cejas y estaba a punto de darle una lección.
Alba agarró de inmediato el brazo de Arconte y lo llevó lejos de Demithor.

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