Arán y Emiliano estaban bastante conmocionados por lo que acababan de escuchar.
—Piénsenlo, ustedes dos. ¿Prefieren trabajar conmigo y matar juntos a este inútil para que podamos repartirnos los Frutos de Conexión Espiritual, o prefieren dejar que los mate y acapare él solo los Frutos de Conexión Espiritual? —añadió Delgado.
—De acuerdo, entonces... Trabajaré contigo... —dijo Emiliano asintiendo con la cabeza.
En verdad quería matar a Jaime, y ésta era su única oportunidad de conseguirlo.
La práctica de modificación genética de la Secta Vientofuerte se consideraba poco ética, así que trabajar con la Secta del Cielo Ardiente no les afectaría demasiado.
Arán no tuvo más remedio que hacer lo mismo.
—De acuerdo. Yo también trabajaré contigo.
—¡Jajaja! ¡Esa es una sabia elección! —dijo Delgado con una risita.
—Aunque sólo hay ocho Frutos de Conexión Espiritual. ¿Cómo los repartiremos entre nosotros después de matar a Jaime? —preguntó Arán a Delgado.
—Ustedes dos pueden tener tres cada uno. Yo me conformaré con dos. Sin embargo, ¡estas antiguas ruinas se convertirán en una base para la Secta del Cielo Ardiente! —contestó Delgado.
Arán asintió satisfecho tras escuchar aquello.
—¡No hay problema!
«Los Frutos de Conexión Espiritual son el verdadero tesoro aquí. No podemos trasladar nuestra secta aquí, ¡así que de todos modos no nos sirven estas ruinas antiguas!».
La cara de Alba se llenó de miedo cuando vio que los tres bandos se aliaban contra ellos.
Por muy poderoso que fuera Jaime, pensó que no podría derrotar a una alianza tan poderosa.
—¡No puedo creer que ustedes dos confíen en las palabras de un Cultivador Demoníaco! Incluso si logran matarme, ¡no hay garantía de que les deje tener los Frutos de Conexión Espiritual! —les advirtió Jaime.
—¡Deja de intentar escapar de tu destino, Jaime! Yo sólo te quiero muerto, ¡así que ni siquiera me importa si consigo los Frutos de Conexión Espiritual o no! —replicó Emiliano.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón