Delgado bramó y su cuerpo se elevó poco a poco en el aire. Poco después, un aura oscura lo envolvió mientras innumerables tentáculos brotaban del suelo.
Esos tentáculos empezaron a atacar con saña a todos los organismos supervivientes en el suelo. Ni siquiera Emiliano y Arán se salvaron.
Alba también fue sorprendida con la guardia baja y fue enredada por un tentáculo bajo sus pies.
Sobresaltada, se apresuró a gritar a Jaime:
—¡Señor Casas!
Al ver aquello, Jaime desató de inmediato un destello de luz de la Espada Matadragones para cortar el tentáculo.
Emiliano y Arán también fueron tomados por sorpresa al verse enredados por los tentáculos.
—Delgado, ¿qué haces? ¡Suéltanos! —rugieron Emiliano y Arán.
—Ninguno de nosotros puede escapar mientras este mocoso no muera. En vez de dejarte matar por él, ¿no es mejor que aportes tu fuerza y me ayudes a masacrarlo? Es una forma de cumplir también tus deseos —dijo Delgado con frialdad.
—No... ¡No lo hagas!
—¡No!
Emiliano y Arán forcejearon con desesperación.
Nunca pensaron que escaparían de la muerte a manos de Jaime sólo para ser traicionados por la Secta del Cielo Ardiente.
Jaime blandió su espada para proteger a Alba, sin permitir que aquellos tentáculos la alcanzaran mientras miraba impasible a Emiliano y Arán mientras hacían violentos esfuerzos por liberarse.
«¡Deberían haber previsto este desenlace cuando eligieron cooperar con la Secta del Cielo Ardiente!».
—¡Si nos tratan así, la Secta Vientofuerte aniquilará a la Secta del Cielo Ardiente una vez que salgamos de aquí!
—¡La Secta de la Estrella Voladora tampoco escatimará esfuerzos para vengarme y dar caza a todos los de la Secta del Cielo Ardiente!
Emiliano y Arán amenazaron a Delgado.
El nivel de cultivo de Delgado atravesó el Octavo Nivel y continuó subiendo hasta la cima del Noveno Nivel antes de detenerse.
«Si pudiera consumir unos cuantos Frutos de Conexión Espiritual más en ese momento, podría incluso avanzar hasta el nivel de Soberano de las Artes Marciales».
De repente, Delgado cargó hacia Jaime a la velocidad del rayo, impidiéndole siquiera vislumbrar su figura.
Jaime sintió que un fuerte puñetazo le golpeaba el pecho, y al instante salió despedido hacia atrás y se estampó con fuerza contra una enorme roca.
Antes de que Jaime pudiera reaccionar, Delgado apareció de nuevo ante Jaime y lo pisoteó despiadadamente con todas sus fuerzas.
¡Bum!
Un fuerte estruendo resonó mientras la tierra temblaba. Al instante siguiente, se formó un enorme cráter en el suelo y el cuerpo de Jaime se hundió en las profundidades del agujero.
—¡Jajaja! Mocoso, ¡a ver qué trucos te quedan en la manga! —Delgado soltó una carcajada mientras miraba a Jaime con arrogancia.
—¡Señor Casas! —gritó Alba ansiosa tras presenciar la batalla unilateral.

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