Al ver cómo el Árbol de Conexión Espiritual se marchitaba ante sus propios ojos, Delgado cayó en la cuenta.
«¡Mi*rda! No puedo creer que esté drenando el poder del Árbol de Conexión Espiritual».
Por fin se le ocurrió que Jaime estaba intentando apropiarse de la fuerza del Árbol de Conexión Espiritual.
Después de todo, la energía del Árbol de Conexión Espiritual era mucho más potente que la que podría ofrecer cualquier Fruto de Conexión Espiritual.
«No, nunca conseguirá otro avance, ¡no bajo mi mandato!».
Delgado lanzó un grito tan ensordecedor que nubes de niebla negra emergieron y envolvieron su cuerpo. Un instante después, salió disparado en dirección al cráter.
A medida que avanzaba, las hojas caían desde lo alto y giraban a su alrededor, provocando chispas de luz. Sin embargo, nada pudo detener su avance en ese momento.
Alba, por su parte, se dio cuenta de lo que Delgado pretendía. Arriesgando su propia vida, empuñó la espada con firmeza y se lanzó hacia él. Los pétalos comenzaron a cabalgar la corriente de aire y cortaron su piel como un sable. Sin embargo, no dio muestras de retroceder.
Estaba decidida a ganar tiempo para Jaime, por efímero que fuera ese momento.
La espada que tenía en la mano se transformó en una serpiente espiritual y se abalanzó sobre Delgado.
Éste, sin embargo, ni siquiera se molestó en dedicarle una mirada.
—¡Hmph! Qué tonta insolente…
Con un movimiento de sus dedos, Alba fue lanzada lejos en la distancia como una cometa con un hilo roto.
No había ni la más mínima posibilidad de que consiguiera retener a Delgado ni siquiera una fracción de segundo, no con la enorme diferencia de fuerza que había entre los dos.
Muy pronto, Delgado llegó al cráter, sólo para descubrir que Jaime estaba sentado con las piernas cruzadas dentro y que su cuerpo irradiaba una luz dorada.
Con los ojos inyectados en sangre, clavó su mirada en Jaime y bramó:
—¡No dejaré que lo hagas!

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