Un destello dorado y cegador chocó con la Palma del Cielo Ardiente de Delgado, provocando un sonido ensordecedor que desgarró los alrededores.
Con la explosión del aura, la tierra empezó a temblar, y el suelo bajo sus pies estaba a punto de romperse.
Peor aún, trozos de rocas destrozadas de los muros de piedra se esparcían por todos los rincones del lugar.
El derrumbamiento de las antiguas ruinas del Palacio de Narciso parecía inminente.
En un instante, el rayo dorado enviado por Jaime atravesó la Palma del Cielo Ardiente de Delgado antes de asestar un golpe al propio Delgado.
El pobre hombre salió volando hacia atrás, incrédulo.
Justo cuando Delgado estaba ensimismado en sus propios pensamientos, Jaime acortó la distancia que los separaba en un abrir y cerrar de ojos y se puso cara a cara con él. La velocidad de Jaime estaba muy por encima de la de Delgado.
—¿Qué?
Antes de que Delgado pudiera reaccionar, Jaime le propinó una fuerte patada.
¡Bum!
Delgado se estrelló con fuerza contra el muro de piedra, haciendo que los escombros se desmoronaran. A ese ritmo, el Palacio Narciso se convertiría en polvo.
Fue entonces cuando Delgado tosió una bocanada de sangre y su aura se disipó al instante.
Al darse cuenta de que Jaime seguía avanzando hacia él, su rostro se ensombreció.
—Perdóname, Jaime. Puedo ofrecerte muchos recursos a cambio... —suplicó clemencia.
—¡Hmph! No eres más que un mísero guardián de la Secta del Cielo Ardiente. Sin el reconocimiento de tu líder, ¡tu palabra no tiene ningún peso! Ahora que lo pienso, ¡el poder de un Dios de las Artes Marciales de Noveno Nivel en tu interior podría ser uno de los mejores recursos que pueda encontrar!
Una sonrisa miserable se dibujó en el semblante de Jaime mientras hablaba.
«¡Apuesto a que podría volverme aún más poderoso una vez que absorba toda la energía de Delgado!».
A juzgar por la actitud de Jaime, Delgado sabía que de ninguna manera se libraría. Entrecerrando los ojos, dijo:
—¿Crees que me tienes, Jaime? Piénsalo otra vez. No habría tenido las agallas de asumir el papel de guardián de la Secta del Cielo Ardiente si no tuviera un plan B al que recurrir, ¿verdad?
En cuanto dijo lo que tenía que decir, sacó una reliquia y la aplastó entre sus manos.

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