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El despertar del Dragón romance Capítulo 2350

Arconte y Alba asintieron al unísono. Tal y como estaban las cosas, no tenían más remedio que escuchar a Jaime.

Jaime y los demás encontraron una cueva lo bastante grande para que cupieran, así que pasaron la noche en ella.

Jaime le dijo a Mateo que se concentrara en su cultivo para poder curarse más rápido, pero Mateo era incapaz de entrar en estado de cultivo.

—Todo es culpa mía... Los discípulos fueron heridos y asesinados por mi culpa... Como líder de la secta, ¡ya no puedo enfrentarme a nuestros antepasados! —Mateo gritó con una mirada triste en su cara.

Todos los discípulos de la Secta Luminosa fueron asesinados, y muchos de ellos habían optado por autodestruirse para salvar a Mateo.

Naturalmente, a Mateo no le sentó nada bien.

Arconte le había recordado antes que las otras sectas podrían atacar a la Secta Luminosa, pero Mateo había sido demasiado optimista y creía que las otras sectas eran demasiado honorables para hacer algo así.

Por desgracia, estaba equivocado sobre ellos. Eran tan ávidos de beneficios que harían cualquier cosa, lo que no los hacía mejores que los Cultivadores Demoníacos.

Aunque Mateo por fin había aceptado la cruda realidad, ya era demasiado tarde. Todos los discípulos de la Secta Luminosa, a excepción de Arconte y Alba, ya estaban muertos.

Arconte y Alba se entristecieron profundamente al ver el estado en que se encontraba Mateo. Aquellos discípulos eran un grupo muy unido, por lo que perderlos a todos de esa manera era devastador.

—Esto no es culpa suya, Señor Campos. ¡Esos b*stardos eran demasiado astutos! Pero no se preocupe. Mientras permanezcan en este reino secreto, ¡me aseguraré de hacérselo pagar! —lo tranquilizó Jaime.

—Siento haberlo metido en este lío, señor Casas —dijo Mateo con expresión incómoda.

—Tal vez me habrían matado hace tiempo si no fuera por usted, señor Campos. Por ahora, lo único que tiene que hacer es centrarse en curarse lo antes posible. Deje de preocuparse por nada más —dijo Jaime y salió de la cueva.

Sabía que Mateo, Alba y Arconte necesitaban un tiempo a solas para aceptar lo que les había ocurrido.

—¿Cuánto tiempo más piensas descansar, joven? No olvides que tienes que encontrar el lugar marcado en el mapa del tesoro.

La voz de Renzo sonó de repente.

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