—¡Ya está! Mi Fuerza Definitiva por fin está completa —exclamó Jaime con emoción.
Mientras miraba el Arco Divino que tenía en la mano, no dudó en volver a tirar de la cuerda. En un instante, tres enormes flechas se manifestaron en el arco.
¡Swoosh! ¡Swoosh! ¡Swoosh!
Las flechas, una vez lanzadas, descendieron del cielo como artillería. La ardiente explosión que provocaron al entrar en contacto con el suelo destruyó al instante innumerables fantasmas.
¡Bum! ¡Bum! Bum...
Tras las estruendosas explosiones, muchos fantasmas perecieron. Jaime soltó una carcajada.
—¡Qué bien sienta! Este Arco Divino es increíble.
Sin que él lo supiera, el entorno empezó a cambiar después de que disparara esas flechas.
El cielo, que al principio era gris, se volvió más oscuro e intimidante, como si estuviera a punto de llegar una tormenta.
Cuando el cielo se oscureció por completo, los fantasmas dejaron de huir y se arrodillaron en el suelo. Sólo entonces Jaime se dio cuenta de que algo raro estaba ocurriendo.
—¿Qué está pasando?
Observó a su alrededor, confundido por lo que estaba ocurriendo. De repente, un rayo de luz se dirigió hacia él desde el horizonte.
Al verlo, levantó de inmediato el Arco Divino y se preparó para defenderse.
El rayo de luz se detuvo justo delante de Jaime. Entonces, apareció una figura humanoide. Jaime estaba exultante, pensando que por fin podría preguntarle a esa persona qué clase de lugar era aquel.
Sin embargo, en cuanto reconoció de quién se trataba, se quedó atónito. El recién llegado tuvo una reacción similar.
—¿Por qué tú? —pronunciaron ambos al unísono.
La figura ante Jaime no era otra que Hadad, a quien Jaime había rescatado.
Asombrado, Hadad preguntó:
—Pero no puedo irme. El agujero negro por el que vine ha desaparecido —dijo Jaime.
—¿No conseguiste aquí una flecha cristalina? —preguntó Hadad.
—¡Oh, sí! ¡Tienes razón! —Sin demora, Jaime sacó aquella flecha cristalina de su Anillo de Almacenamiento.
—Si disparas esta flecha con el Arco Divino al cielo, se abrirá un portal. Podrás regresar si lo atraviesas —explicó Hadad.
—Quiero saber qué clase de lugar es éste. Ya que estoy aquí, ¿no puedes mostrarme tu hospitalidad y enseñarme este reino? ¿Por qué estás tan ansioso por enviarme de vuelta a casa? ¿Qué está pasando aquí realmente? —Jaime estaba confundido.
«¿Por qué me insta con desesperación a regresar?».
Furioso, Hadad le gritó a Jaime:
—En serio, no tengo tiempo para explicártelo todo. ¡Date prisa y usa el Arco Divino para disparar esa flecha y abrir el portal! De lo contrario, ¡será demasiado tarde!

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