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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 2398

Al observar lo ansioso que estaba Hadad, Jaime se abstuvo de pronunciar otra palabra. Tensó la cuerda del arco y apuntó hacia el cielo oscuro.

¡Whoosh!

Soltando la cuerda del arco, Jaime disparó la brillante flecha hacia el cielo. La flecha detonó al instante en el aire, despejando la oscuridad y revelando el claro cielo azul.

Bajo el cielo azul surgió un agujero negro. Estaba envuelto por una tremenda fuerza gravitatoria que succionaba todo lo que se encontraba en sus proximidades.

Al ver el agujero negro, todos los fantasmas flotaron con lentitud hacia el cielo y fueron succionados por el agujero.

—¡Deprisa! ¡Vete! —Hadad instó a Jaime cuando apareció el agujero negro.

Jaime estaba a punto de decir algo cuando Hadad lo aventó con fuerza y lo envió volando hacia el agujero negro. La fuerza de succión envolvió a Jaime, tirando de él hacia dentro.

Después de que Jaime desapareciera por completo, Hadad agitó la mano, haciendo que el agujero negro del cielo se disipara poco a poco.

Miró al cielo y murmuró para sí:

—Como era de esperar del hijo de un dragón. Podía tirar del Arco Divino con tanta facilidad.

Justo cuando terminó de hablar, Hadad frunció el ceño y su expresión cambió al segundo siguiente. Lanzó una mirada fugaz a lo lejos antes de transformarse en un rayo de luz y desaparecer sin dejar rastro.

Poco después de la marcha de Hadad, más de una docena de rayos se materializaron directamente en la cima de la montaña.

El grupo de personas que emergió en la cima de la montaña contempló su entorno. Para ser exactos, no eran humanos, sino seres con cabeza de animal y cuerpo humano.

—Su Majestad, el Arco Divino ha desaparecido. Alguien debe haberlo arrancado —dijo un individuo con cabeza de rata a una figura con cabeza de león.

—¿Quién habrá sido? Esa persona consiguió sacar el Arco Divino e incluso mató al fantasma gigante —espetó con maldad la figura con cabeza de león mientras su mirada brillaba con frialdad.

El resto permaneció en silencio. Después de un rato, agitó las manos.

Agarrando con fuerza la Espada Matadragones, Jaime se embarcó en una masacre implacable, aumentando su excitación con cada vida arrebatada.

Mientras tanto, en el abismo fuera del valle, Winsor y el resto practicaba diligentemente las técnicas que les había otorgado Yona.

Tras numerosos días de arduo entrenamiento, por fin dominaban los entresijos de la técnica.

—No es de extrañar que tantos elijan seguir el Cultivo Demoníaco a pesar de estar condenados. Las técnicas del Cultivo Demoníaco son formidables, aunque un poco brutales y violentas —exclamó Winsor entusiasmado tras dominar las técnicas.

—En esta sociedad reina la fuerza. Es un mundo en el que los débiles sucumben ante los fuertes. No importa lo brutales que sean las técnicas. Abramos la puerta y liberemos a los fantasmas. Ya estoy impaciente —dijo Huro.

—Muy bien. Abramos la puerta. Después de tantos días, debe de haber bastantes fantasmas dentro. Sin embargo, seremos los únicos que mataremos a los fantasmas. Los demás discípulos pueden limitarse a hurgar en nuestros restos —declaró Winsor.

Nadie se atrevía a desafiar a Winsor cuando hablaba. Los discípulos de las otras sectas tampoco tenían autoridad para oponerse.

Winsor y sus compañeros se adelantaron entonces, combinando sus fuerzas para abrir la puerta del valle.

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