Entrar Via

El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 2399

Mientras Winsor y los demás abrían la puerta, Mateo y Yair se encontraban a poca distancia del abismo, tras haber buscado sin descanso a Jaime durante incontables días.

Cada vez estaban más ansiosos, ya que no podían encontrar a Jaime hiciera lo que hiciera.

—Maestro, el señor Casas no tuvo un accidente, ¿verdad? —preguntó Arconte a Mateo.

—¿De qué estás hablando? El señor Casas estará bien.

Mateo lanzó a Arconte una mirada penetrante.

—Parece que tendré que jugar mi carta de triunfo…

El Gran Adivino respiró hondo antes de sacar un puñado de monedas de cobre de su bolsillo.

Lanzó las monedas al aire.

—¡En formación! —gritó, incitando a los discípulos de la Secta Adivinación a reunirse rápido en una formación parecida a los ocho trigramas.

Cada discípulo tomó una moneda de cobre en la palma de la mano.

Al unísono, los discípulos extrajeron una gota de esencia de sangre del centro de sus frentes y la dejaron caer sobre la superficie de las monedas de cobre.

Mientras tanto, el Gran Adivino golpeó su propio pecho con una fuerza inquebrantable.

¡Pfff!

La sangre brotó de sus labios, materializándose al instante en una pantalla ondulante que se desplegó en el aire.

De inmediato, las monedas que sostenían los discípulos empezaron a brillar, iluminando la pantalla roja.

Poco a poco, una silueta apareció en la cortina y pronto se aclaró.

La escena mostraba a Jaime luchando contra los fantasmas con su Espada Matadragones.

—¡Es el señor Casas! ¡Es el señor Casas! —Alba gritó con entusiasmo.

—¡Es ese valle! ¡El valle dentro del abismo!

Mateo también descubrió que Jaime estaba en efecto en ese valle.

La escena sólo apareció durante un momento fugaz antes de disiparse. Las monedas de cobre que sostenían los discípulos de la Secta Adivinación se rompieron en incontables fragmentos.

Mientras tanto, el Gran Adivino se desplomó en el suelo, malherido.

—¿Jaime? —exclamaron al unísono con cara de incredulidad.

Supusieron que Jaime había muerto tras saltar a aquel agujero negro. Pero no esperaban que siguiera vivo.

Al parecer, Jaime fue quien mató hasta el último fantasma del valle.

—¿Aún no estás muerto, rufián? —exclamó Winsor con asombro.

—¿Cómo es posible que yo muera primero si tú sigues vivo? —Jaime mostró una sonrisa fría.

—¡Hmph! ¿Y qué si todavía estás vivo? No podrás vivir por mucho tiempo. Esta vez, te mataré en persona y veré como quedas reducido a nada.

Esta vez, Winsor estaba decidido a presenciar la muerte de Jaime con sus propios ojos.

—Me temo que no eres lo bastante capaz para matarme.

Jaime mantuvo la calma, imperturbable incluso ante Winsor y el grupo de expertos del reino oculto.

Aquella gente no suponía ninguna amenaza para Jaime, que tenía el Arco Divino en su poder.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón (Jaime Casas)