Mientras tanto, Feenix ya había llevado a Isela y Kira de vuelta al lugar donde Mirto y los demás descansaban en ese momento.
El patético estado de Isela y Kira tenía a todos atónitos.
—Isela, ¿cómo has acabado así?
—Kira, mi querida hija, ¿qué experimentaste exactamente?
Cuando Mirto y Heraldo vieron el lamentable estado de Isela y Kira, enseguida rompieron a llorar.
El terror persistía en los ojos de Isela y Kira, dejando claro que habían sido torturadas y sufrían un colapso mental.
—¡Voy a destruirlos, Secta Enea! ¡Ya verán! —Mirto rugió de repente, su aura se intensificó sin parar.
Por lo que parece, planeaba autodestruirse y arrastrar consigo a la Secta Enea.
—¡Cuenta conmigo! —El aura de Heraldo igualmente se hinchó, intensificándose sin control.
Si ambos se autodestruyen, su fuerza mataría a todos los presentes.
—¡No actúe de forma imprudente, Don Guso!
—Puede matar a los de la Secta Enea cuando quiera, Señor Checo. ¡No haga ninguna tontería!
Todos disuadieron a los dos hombres, pues si ambos no lograban controlar su poder y se autodestruían en ese momento, todos estarían condenados.
—Don Guso, Señor Checo, a los de la Secta Enea no les queda mucho tiempo de vida. El Maestro se quedó para matarlos. Creo que pronto habrá noticias —intervino rápido Feenix.
Mientras los disuadía, la figura de Jaime apareció lentamente. En su mano había un hombre con sólo la parte superior de su cuerpo intacto.
El hombre que ya no tenía piernas no era otro que Andro, el jefe de la Secta Enea.
Jaime tiró a Andro al suelo.
En cuanto Mirto y Heraldo lo vieron, sus ojos brillaron de color escarlata. Como lobos hambrientos, se prepararon para abalanzarse sobre Andro.
Al sentir el odio que emanaba de la multitud, Andro palideció de miedo y se orinó en los pantalones.
—¡Ahh!
Antes de que Mirto y Heraldo pudieran embestir, Isela y Kira, que habían perdido un poco la cabeza, chillaron de repente y fueron contra Andro.
«Son dos chicas perfectamente agradables, pero ahora su futuro se ha arruinado».
—¿Qué les pasó? —preguntó Catina a Jaime.
Jaime le contó todo lo que les había pasado a Isela y Kira. Después de escucharlo todo, Catina estaba tan lívida que todo su cuerpo temblaba de rabia.
Siendo también una chica, podía entender la desesperación de Isela y Kira.
—¡Vaya bola de monstruos!
Apretó los dientes con odio.
Mirto y Heraldo, en cambio, parecían haber envejecido décadas en un abrir y cerrar de ojos al mirar a su nieta y a su hija, respectivamente.
El destino de las dos chicas era algo que nunca habían esperado.
Si lo hubieran intuido, nunca habrían entrado en el Campo de Batalla Celestial.
—Qué pena. Las vidas de estas dos chicas están arruinadas. Me temo que quedarán traumatizadas de por vida —se lamentó Jaime.
—¿No conoces la Técnica Cortaalmas, Reina Zorro? Puedes borrarles ese recuerdo a las dos chicas para que no queden traumatizadas de por vida —le dijo Feenix a Catina.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón (Jaime Casas)
Inclusive tirei prints, enviei e o suporte sequer responde....
A partir do capítulo 4000, aparece para desbloquear por 9 moedas, confiram porque estão cobrando 34 moedas por capítulo, absurdo, estão roubando, desconfiei e comecei a contar as moedas....