Todos suspiraron al mismo tiempo, así expresaron sus condolencias por el destino que le esperaba a Ingrid.
«La fecha de la boda ya está fijada. ¿Qué más podríamos hacer? ¿No cumplir con nuestra palabra? ¡El Perro nos matará!
—Tía Sara —declaró Jaime—. He decidido ayudar a Ingrid a que salga del compromiso, y entonces, enviarla a Ciudad Higuera para sus estudios superiores.
—¿Estás bromeando? —exclamó Sara—. Romper una promesa hecha al Perro, ¡es como pedir la muerte!
—Jaime, no te comportes como un tonto —Elena añadió de forma brusca—. No tienes ni idea de qué clase de hombre es el Perro. ¡Tus acciones solo causaran daño a la familia de tu tía!
Incluso Gustavo, quien siempre era reservado comentó:
—Hijo, Perro no es tan simple como tú piensas. Sé que, crees que puedes ir contra él, solo porque tienes algunos amigos en Ciudad Higuera, pero, te lo aseguro, no tienes ni idea de a lo que te enfrentas.
Gustavo estaba consciente de las relaciones de su hijo. Además de la riqueza de la familia de Josefina, la riqueza de los recursos a su disposición era, sin lugar a duda, basta y profunda. Sin embargo, los amigos poderosos de Jaime no tenían jurisdicción en Puerto Gaviota.
—Ya he tomado la decisión —proclamó Jaime—. ¡Manténgase fuera de esto!
«Si no puedo lidiar a un gánster como él, en verdad seré un hazmerreír».
Estando familiarizada con el temperamento de su prometido, se notaba que Ingrid estaba molesta con la decisión de su primo.
—Sé que quieres lo mejor para mí, Jaime, pero no quiero verte en una posición peligrosa. Por favor, déjalo así, ¿lo harás?
—Solo tienes diecinueve años, Ingrid. ¿Cómo puedes resignarte a tu destino? Esto es algo con lo que vas a vivir por el resto de tu vida. ¿Quieres hacer todo a un lado, por dedicarle tu vida entera al Perro? Debes ir a la universidad y encontrar a un hombre que te merezca, en lugar de conformarte con las circunstancias. ¡No te des por vencida! ¡Yo te apoyaré todo el tiempo!
Ingrid guardó silencio, al igual que el resto de los comensales.
«Jaime tiene razón. Tengo toda una vida frente a mí. ¡No debería desperdiciarla por el Perro!».
Sara tomo un profundo respiro antes de beber toda la copa de vino blanco para sorpresa de todos.
«Me preocupo por mi hija, como todos los padres lo hacen. Solo es una circunstancia desafortunada por la que estamos atravesando. Bueno, supongo que es algo que tenemos que aceptar. El mundo no es justo, solo se trata de jerarquía. El fuerte se hace más fuerte y el débil es devorado. Es la ley de la naturaleza».
—No te preocupes, Tía Sara. Sé lo que hago.
Después de inclinar la cabeza hacia sus mayores, Jaime se dirigió hacia la suite más grande, mientras Josefina le susurraba algunas palabras de aliento a Ingrid, cuyo temor se incrementaba con violencia a cada paso que daba.
Tan pronto como el grupo se aproximó hasta las puertas de la suite de Luciano, un lapso de risas estridentes, seguidas del chocar de copas, llegó a sus oídos.
Jaime empujó la puerta para abrirla.
Ahí había cinco hombres sentados alrededor de la mesa con bebidas en sus manos. En medio de ellos, estaba un hombre de mediana edad con una enorme calva en la cabeza. El perro estaba sentado al lado de él con una sonrisa aduladora, mientras el otro, estaba llenando de nuevo la copa de este último.
«¡Parece que el hombre calvo es el famoso Luciano Chavarría!».
Los ocupantes de la gran suite fueron tomados por sorpresa, ante la repentina intrusión de Jaime. El Perro lo miró, y después, a las mujeres detrás de él. Entonces, a prisa los presentó con Luciano.
—Señor Chavarría, este es el primo de mi prometida. Él debió saber que usted estaba cenando esta noche aquí, y ha venido a brindar a su salud.

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