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El despertar del Dragón romance Capítulo 464

Después, Perro desvió su mirada hacia Ingrid con impaciencia.

—Ingrid, ven aquí y sírvele una copa de vino al Señor Chavarría.

La joven tembló como una hoja y se aferró a la mano de Josefina. Esta apretó la mano de Ingrid para tranquilizarla.

—Ingrid es joven y no tiene experiencia. Permítame hacerlo.

Josefina se acercó y sujeto la botella de vino blanco, antes de aproximarse a Luciano que estaba al otro lado de la mesa.

Al ver esto, el Perro sonrió, estaba seguro de sus afirmaciones, ya que la iniciativa de Josefina por verter el vino era una señal de que, en realidad, ella era una escort.

Luciano consideró la oferta de Josefina, mientras él dejó que sus ojos recorrieran de arriba abajo el cuerpo de la joven, antes de sostener su copa.

—Perro —le dijo agradecido—. ¿Quién es esta adorable dama?

—Ella es la novia del primo de mi prometida —dijo al instante el Perro, consciente de que hombres importantes como Luciano no disfrutaban la compañía de mujeres contratadas.

—¿En dónde trabaja, Señor Chavarría? —le preguntó Josefina con dulzura, mientras vertía el vino.

—El Señor Chavarría es un ejecutivo del Grupo Serrano —alardeó el Perro, ya que Luciano no podía hablar—. ¡Ellos están llevando el control del desarrollo en Ciudad Higuera!

Josefina sonrió triunfante, sus sospechas fueron confirmadas. La empresa de su familia estaba implicada.

«¡Así que este tonto es empleado de mi papi!».

—¿Cuál es tu nombre, querida? —preguntó Luciano, mientras la miraba, ya no ocultaba la lujuria en sus ojos.

—Mi nombre es Josefina Serrano —contestó con una sonrisa.

—¿Josefina Serrano? —Él arrugó un poco la frente, pero no tardó en suavizarla de nuevo—. Es un hermoso nombre. De hecho, la hija de nuestro jefe se llama Josefina Serrano también.

—La gente ya no se esfuerza en buscar nombres originales, ¿o sí? —intervino con una sonrisa el Perro—. ¡Qué mal que algunas Josefinas nazcan en mejores familias que otras!

—Me refiero a lo que escuchó. Usted tomó el dinero de mi familia y actuó de forma deshonesta, ¿o no? Me encargaré de que mi padre lo despida.

—¿Usted es la Señorita Serrano? —Los ojos de Luciano se agrandaron llenos de terror.

El perro también quedó sorprendido, aunque recuperó la compostura lo suficiente como para consolar a Luciano:

—No se preocupe, Señor Chavarría. Ella no podría ser la hija de su jefe. Jaime es un exconvicto, quien acaba de salir de la prisión. Si en realidad ella fuera la hija del Señor Serrano, ¿por qué estaría fraternizando con un hombre con esos antecedentes? Ella está usando lo que usted le dijo acerca de compartir su nombre con una rica y poderosa persona para atemorizarlo.

Luciano suspiró aliviado ante estas palabras, antes de voltear hacia Josefina y decirle con frialdad:

—Haz esa llamada si te atreves —se burló—. Si aún tengo mi trabajo para el final del día, vas a tener que hacerme compañía por las siguientes dos noches.

Ingrid estaba asustada. Aunque estaba consciente de la identidad de Josefina, sintió que lo que el Perro dijo tenía sentido.

—¿Por qué la rica y poderosa Señorita Serrano se rebajaría con alguien como Jaime?

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