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El despertar del Dragón romance Capítulo 465

—¿Jaime? —le preguntó de manera intencional, mientras sujetaba su codo.

—No te preocupes. Ella, en realidad, es la hija de Gonzalo Serrano.

Antes de que Ingrid pudiera salir de la sorpresa, Josefina ya estaba marcando el número de su padre.

—Papi —dijo al momento en que la llamada se conectó—. ¿Tú decidiste, que el Señor Chavarría supervisara el desarrollo de la compañía en Puerto Gaviota?

—No lo sé, eso lo manejó Ricardo. ¿Por qué preguntas?

Gonzalo no había estado activo en los asuntos de la compañía a últimas fechas, ya que estuvo preocupado por recuperar su salud. Si no fuera por Jaime, él habría perdido la vida.

—Papá, todo está bien. ¡Le haré una llamada al Tío Richi! Sin dar tiempo a que su padre le preguntara algo más, Josefina terminó la llamada.

En ese momento, Luciano palideció, ya que su superior era, de hecho, Ricardo López.

El Perro se apresuró a tranquilizar a Luciano de nuevo.

—No se preocupe, Señor Chavarría. Ella es solo una buena actriz.

Luciano ya no le prestó atención al Perro. En lugar de eso, miró con miedo a la joven, mientras unas gotas de sudor comenzaron a aparecer en su frente.

Josefina marcó otro número. Un momento después, una voz jovial sonó al otro lado de la línea.

—Josefina, ¿A qué debo el placer?

Ricardo López había sido un leal teniente para Gonzalo, desde que este último fundó la compañía. Gonzalo también confiaba en él lo suficiente, como para encargar el cuidado de la compañía a este, cuando estuvo hospitalizado.

Reconociendo la voz de Ricardo al teléfono, las rodillas de Luciano se doblaron.

—¡Señor Chavarría! —gritó el Perro, mientras saltó hacia él para ayudarle a levantarse, aún sin ser consciente de lo que estaba sucediendo—. ¿Está usted enfermo?

Para ese momento, Luciano estaba temblando con tanta fuerza, que sus palabras comenzaron a ser incoherentes.

—Tío Richi, ¿Tú le encomendaste la supervisión del desarrollo de la compañía en Puerto Gaviota al Señor Chavarría?

—¿Señor López? —gritó histérico Luciano—. ¿Todavía está ahí?

—¿Todavía le gustaría tener el placer de mi compañía? —se burló Josefina.

Emitiendo un ruido sordo, Luciano calló de rodillas ante ella.

—Lo siento, Señorita Serrano. —Lloró y continuó—: ¡Por favor, perdóneme!

—Usted está más allá de la redención —dijo Josefina con severidad.

Luciano se acobardó como si las palabras de la joven le hubieran lastimado en verdad. Su rostro tenía un sutil tono gris cenizo, mientras su cuerpo se arqueaba y sollozaba.

Sus acompañantes, quienes estaban conmocionados y callados, huyeron ante la humillación de su jefe. Incluso el Perro, se preocupó por tomar la mayor distancia que pudiera entre él y la figura retorcida en el suelo, y se quedó merodeando desde la esquina de la suite.

Josefina se dio la vuelta y salió a paso firme, antes de detenerse frente a Ingrid y ofrecerle una sonrisa rara.

—Ven, Ingrid —dijo Josefina con alegría, como si nada hubiera sucedido—. ¡Salgamos de aquí!

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