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El despertar del Dragón romance Capítulo 481

Sin embargo, Jaime negó con la cabeza.

—Señor Salas, no deseamos nada de usted. Solo nos gustaría que nos llevara a su nueva mina de vetas para verla.

La expresión de Joaquín se ensombreció al instante. Miró a Jaime con severidad y dijo:

—¿Quiénes son ustedes? ¿Cómo sabes lo de la nueva mina de vetas?

Al ver la expresión de Joaquín, Dorian explicó deprisa:

—Señor Salas, nos enteramos en un restaurante. Mucha gente lo estaba comentando.

Joaquín se calmó un poco al escuchar la explicación de Dorian, pero de repente, gritó furioso:

—¡Maldita sea! ¡De todas maneras se filtró la noticia!

—Por favor, no se preocupe. No deseamos nada de la nueva mina de vetas, después de todo, solo somos nosotros dos. No podemos competir con ustedes o con las otras dos familias por la mina. Lo único que quiero es verla por curiosidad —explicó Jaime.

Después de escucharlo, Joaquín decidió ser sincero con ellos y les dijo con solemnidad:

—Tengo que advertirles. Es peligroso visitar la mina en este momento. Puede que al final solo quede una familia en pie. Si visitan la mina conmigo, no tengo poder para protegerlos.

—No se preocupe. Podemos protegernos nosotros mismos. Todo lo que tiene que hacer es llevarnos —respondió.

—En ese caso, mañana nos vamos. No obstante, no deberán hacerme responsable si les ocurre algo. Como ambos salvaron a mi hija, esta noche prepararé un banquete para mostrar mi gratitud. También pueden quedarse aquí esta noche. Mañana saldremos temprano —comentó.

Jaime asintió y no rechazó a Joaquín. Como los Salas conocían el Monte Jicoria, era bueno ir con ellos. Además, Jaime tenía la corazonada de que la mina de vetas podría tener algo que ver con la piedra espiritual.

Zum, zum, zum…

En ese momento, una abeja apareció de la nada y voló por el lugar

—¡Ahhh! —Teresa gritó y se puso pálida. Se notaba que les tenía miedo—. ¡Una abeja! ¡Una abeja!

Dorian vio la abeja y supo que era su oportunidad para agradarle.

—Señorita Salas, no tenga miedo. Yo la protejo. —Entonces, tomó un cojín del sofá y lo usó para golpear a la abeja. Sin embargo, no conseguía alcanzarla y convirtió la sala de estar en un caos.

Mientras tanto, Teresa se acurrucó temerosa en la esquina del sofá con la cara pálida por el miedo. Una abeja la había picado de pequeña y había desarrollado una fobia.

Por otro lado, Jaime estuvo tomando té en silencio durante toda la conmoción. De repente, frunció el ceño y pareció molesto. Entonces, agitó un dedo e hizo que la abeja cayera al suelo.

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