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El despertar del Dragón romance Capítulo 493

—¡Qué m*erda! Isaí, ¡la entrada es resultado de un derrumbe! ¿Cómo lo atribuyes a tu esfuerzo? —Joaquín no pudo contenerse y comenzó a maldecir.

Casimiro se sentía igual y su expresión cambió.

—¡Exacto! ¿Cómo puedes atribuírtelo?

—Entonces, ¿qué es lo que quieren los dos? —Los ojos del hombre rebosaban de furia amenazadora.

Al instante, Casimiro guardó silencio. Sabía que no estaba en condiciones de opinar, ya que era considerado el más débil de los tres.

Por otro lado, Joaquín le lanzó una simple mirada a Jorge. No fue hasta que recibió un gesto de asentimiento por parte de él que se jactó con seguridad:

—¡Ahora que la entrada de la mina apareció, debemos decidir a quién le toca empezar a minar en función de las habilidades de esa persona!

—¡Bien, Joaquín! ¡No te vayas a arrepentir de lo que dijiste! —Isaí tampoco dio su brazo a torcer. Tras aceptar, se dirigió a Braulio y le hizo una cortés reverencia—. ¡Señor Millán, ahora cuento con usted!

—¡No se preocupe, Señor Ferrer! —Una llama se encendió primero en la palma de Braulio, pero se apagó en cuestión de segundos. A continuación, una densa capa de humo llenó el lugar.

—¿Otra vez el mismo truco? ¡Esa inútil técnica ilusoria no funcionará conmigo! —Jorge dejó escapar un frío resoplido y continuó—: ¡Dante, dale una lección a ese viejo!

—¡Entendido! —Tan pronto como sonaron las palabras de Dante, se dirigió hacia el humo persistente sin dudarlo.

Los sonidos de la lucha furiosa sonaron en medio del humo. Sin embargo, nadie se hacía una idea de la situación ya que solo podían mirar desde fuera.

Joaquín apretó los puños con tanta fuerza que sudaban.

—No hay de qué preocuparse, Señor Salas. Dante hace tiempo que heredó mis habilidades. ¡Un simple mago no es rival para él!

Al saber que Braulio era un mago, Jorge no se inmutó ante la situación que tenía delante.

Sin embargo, pensó que no le quedaba otra salida con el resultado de las cosas. Se preparó y tensó sus cincelados músculos, y se dirigió hacia Braulio.

—Déjame darte una lección por haber herido a mi aprendiz. —Dicho esto, avanzó a toda velocidad en dirección al hombre.

Esta vez, Braulio no utilizó magia. En su lugar, sus orejas se movieron de forma continua, y cada vez que su oponente lanzaba un ataque, era capaz de esquivarlo con éxito.

La batalla entre los dos, pronto se volvió tan intensa que fue como un feroz torbellino, dejando a la multitud esquivando las piedras que volaban a su alrededor.

—¡Vamos, Señor Jerez! —Con los puños apretados, Joaquín animó a Jorge. Él era la única persona de la que podía depender, lo que significaba que su pérdida no significaría más que consecuencias nefastas.

¡Pum!

Con el fuerte estallido, las dos siluetas tomaron caminos distintos. Jorge retrocedió unos pasos antes de lograr estabilizarse, y Braulio también se vio en una situación similar. Resultó que este último no era tan indestructible como los demás habían pensado.

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