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El despertar del Dragón romance Capítulo 494

—Parece que te subestimé. ¡Hagámoslo de nuevo! —Braulio se lanzó de inmediato a la acción tras terminar su frase.

Al pensar que su oponente tenía unas habilidades más bien medias, la confianza de Jorge se disparó y, sin dudarlo, se levantó del suelo y atacó a su adversario.

Justo cuando lo hizo, vio que Braulio agitaba su mano. En cuestión de segundos, se vio envuelto en una nube de humo que cada vez era más espesa.

Se apresuró a intentar retroceder, pero escuchó un aullido de viento detrás de él. Su agilidad le permitió bajar la cabeza con relativa rapidez para evitar el brusco ataque.

—¡Idiota despreciable! ¿No dijiste que no usarías magia? —gritó.

—Solo estoy usando mis habilidades. ¿Cómo es que soy despreciable? —Dejó escapar una risa insidiosa.

En aquella pelea en la que se encontraban, él sabía que tenía el poder máximo mientras que Jorge no era más que una gallina sin cabeza corriendo sin rumbo.

Al presenciar el espantoso espectáculo que tenía ante sí, Joaquín se quedó con cara de tonto al imaginar que la perdición se acercaba.

En efecto, varios momentos después, el cuerpo de Jorge salió despedido de la espesa niebla tóxica, con manchas de sangre en la comisura de los labios y el cuerpo tembloroso mientras levantaba la mirada para mirar a Braulio.

—Hábil tanto en las artes marciales como en la magia... Sin duda eres capaz. Reconozco mi derrota —murmuró con la cara pálida.

—Supongo que también procedes de un entorno prominente. Hoy te dejaré libre, así que lárgate. —Hizo un gesto de desestimación con la mano.

En respuesta, Jorge juntó las manos e hizo un saludo antes de ordenar a sus hombres que subieran a Dante y se marcharan.

—Señor Jerez, no puede irse. No puede irse todavía. ¿Qué haré si se va? Le pagaré extra; ¡dígame cuánto más quiere! —Joaquín se aferró al brazo de Jorge y comentó con generosidad.

—Señor Salas, esto no tiene nada que ver con el dinero. Para ser sinceros, no soy rival para el Señor Millán. ¡No puedo hacer nada! —Jorge apartó con fuerza las manos de Joaquín y se marchó sin mirar atrás.

El asombro se apoderó del líder de la familia. Su cuerpo se sintió tan débil que estuvo a punto de desmayarse.

—¡Papá! —Teresa se apresuró a sujetarlo.

A pesar de ver el acuerdo de colaboración entre ambos, a Isaí le importó poco.

«El experto que Joaquín trajo con él ya se fue. ¿Qué tan poderoso puede ser todavía?».

—Ya que ustedes dos están pidiendo morir, ¡no me culpen por mi crueldad entonces! —Una intención asesina brilló en sus ojos, y tan pronto como hizo un gesto con el brazo en el aire, los expertos que lo acompañaban se acercaron a toda velocidad.

Cuando Braulio movió con ligereza sus dedos, unas estelas de humo negro comenzaron a fluir hacia los Lacosta y los Salas.

—¡Tras ellos! ¡Mátenlos a todos!

—¡A la carga! —Los rugidos de Casimiro y Joaquín llenaron el aire. Sabían que se trataba de un asunto serio que afectaba su supervivencia.

Al instante, se desató una intensa batalla entre los dos grupos de fuerzas. El hombre voluminoso de casi dos metros de altura, que Casimiro llevó consigo, se dirigió directo hacia Braulio. Su enorme figura era como una montaña.

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