Aunque Fénix era mayor, aún era virgen y nunca había sido tocada por un hombre. Por eso, ella conservaba muy bien su belleza y lucía como una joven de veinte años.
La expresión de ella se volvió fría. Sin embargo, con rapidez se calmó y dijo sonriendo:
—Debe estar bromeando, Señor. Soy muy vieja. ¿A quién podría gustarle? Si necesita jovencitas, puedo buscar docenas para usted. ¡Le garantizo que todas ellas serán jóvenes y vírgenes!
Conteniendo su ira, Fénix hizo su mejor esfuerzo para calmar a Fernando; sabía que sus habilidades no podían compararse con las de sus oponentes. Ella no tenía miedo a morir; su verdadero temor, era porque Josefina e Isabel aún estaban adentro.
Si estallaba un conflicto, el peor de los escenarios no era que ellos murieran en batalla, ¡sino que nadie estaría ahí para proteger a Josefina!
—¡Maldita sea! ¡Te mataré! —gritó Tomás.
Aunque Fénix pudo soportar, él no. Después de todo, ¡Fénix era su mujer! Como un hombre, era imposible que pudiera soportar si otro estaba aprovechándose de ella.
Tomás se lanzó sobre Fernando, en su mano llevaba un cuchillo. Después de tomar las pastillas energizantes que Jaime le dio, sus habilidades se incrementaron de manera considerable. Su ataque era tan veloz como un rayo.
Cuando Fernando vio que Tomas lo atacaba, sonrió.
—Ni siquiera has alcanzado el rango de Gran Maestro, pero te atreves a pelear conmigo. Te has sobrevalorado.
Al terminar de decir esto, Fernando envió volando a Tomás de una sola patada. Al caer, golpeó contra la puerta con fuerza, haciendo que esta colapsara en el suelo. La sangre de Tomás goteó de la comisura de su boca.
Si su cuerpo no hubiera estado fortalecido por las pastillas energizantes que había tomado, lo más probable era que la patada de Fernando lo hubiera matado.
Cuando la puerta colapsó de pronto, Josefina e Isabel no se lo esperaban; ellas querían salir y echar un vistazo, pero esta cayó frente a ellas.
Isabel continuaba provocando a Fernando. Cuando él la llamó el juguete de Jaime, ella perdió la paciencia.
—¡Ja! ¡Voy a capturarlos a ambos y dejaré que sepan cómo se siente desear la muerte! Entonces, ¡dejaré que veas si puedo, o no, matar a Jaime! —vocifero Fernando. Entonces, les grito a sus subordinados—: ¡Atrapen a esas dos mujeres, las quiero con vida!
Los cuatro expertos de los Contreras asintieron antes de lanzarse por los aires e ir a toda prisa hacia Josefina e Isabel.
—¡Deténganlos! ¡Ellos no deben lastimar a la Señorita Serrano! —gritó Fénix furiosa al verlos.
Ella se arrojó directo contra los cuatro expertos de los Contreras. Las docenas de guardias también blandieron sus armas y protegieron a Josefina e Isabel. Muchos de ellos comenzaron a atacar a los cuatro expertos.
En ese momento, también Tomás se levantó. Apretando sus dientes, levantó su cuchillo y fue hacia adelante.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón