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El despertar del Dragón romance Capítulo 5629

Rinea se quedó allí, con el rostro enrojecido.

—Señor Contreras… —murmuró, sin saber muy bien qué decir.

Nevl hizo un gesto con la mano.

—Vete. Descansa un poco.

Rinea se apresuró a avanzar por el pasillo, aguantando el dolor sin decir una palabra.

Mientras tanto, Nevl llevaba a Silvia a la habitación de Jaime, justo cuando él terminaba de abrocharse la bata.

Al ver a la mujer, Jaime abrió los ojos de par en par. La recién llegada vestía un vaporoso traje blanco, con una cascada de largo cabello sobre sus hombros, e irradiaba una elegancia que superaba con creces la de Rinea.

—Señor Contreras, le agradezco su amabilidad —dijo Jaime—, pero en cuanto a la cultivación dual con otra mujer… Me temo que ahora mismo no puedo. Practicaré el cultivo dual con esta señora. ¿Qué le parece?

Jaime pensó que Nevl le había traído otra mujer.

Nevl se apresuró a explicar:

—Jaime, lo has entendido mal. Esta es Silvia Vale, la líder de la Secta del Demonio de la Tierra.

Jaime parpadeó, estupefacto.

—¿La líder de la Secta del Demonio de la Tierra?

«¿Y una mujer?».

Los labios de Silvia esbozaron una pequeña y elegante sonrisa.

—Señor Casas, su habilidad es realmente impresionante, no solo por su aspecto. La señorita Trave tuvo suerte de contar con usted.

Jaime sintió una punzada de vergüenza.

—Lo… lo siento. Esto ha sido… algo incómodo.

—Soy Silvia Vale, la líder de la Secta del Demonio de la Tierra. Vengo personalmente a disculparme, pues sé que ha habido malentendidos entre mi secta y usted —declaró ella, haciendo una profunda reverencia hacia Jaime.

Nevl observaba a Jaime con un toque de envidia. A pesar de su juventud, Silvia era la formidable líder de la Secta del Demonio de la Tierra, un logro obtenido únicamente por su fuerza y habilidad. Era la clase de mujer que todos los hombres deseaban conquistar, pero que pocos poseían la capacidad de lograrlo.

El hecho de que Silvia se acercara a Jaime y le propusiera abiertamente el cultivo dual era suficiente para despertar la envidia de cualquiera.

—Jaime —dijo Nevl—, la señorita Vale es considerada una gran belleza incluso en el nivel nueve. Muchos hombres sueñan con cultivarse dualmente con ella, pero pocos tienen la suerte de hacerlo.

Jaime, con serena calma, rehusó la propuesta.

—Aunque aprecio a una mujer hermosa, no la coaccionaré. Acepto las disculpas de la Señora Vale, y con eso me basta. El cultivo dual no será necesario.

Silvia parpadeó, completamente sorprendida. Jamás imaginó que un hombre rechazaría semejante ofrecimiento.

Al instante, su mirada hacia Jaime se cargó de una intensa curiosidad e intriga.

—Ya que ha aceptado mis disculpas, señor Casas, me siento mucho más tranquila —dijo Silvia con una pequeña sonrisa serena, dejando atrás el tema anterior—. También he escuchado que posee una espada espiritual, una cuyo espíritu puede salir de la hoja. ¿Puedo verla?

Jaime extendió la mano con indiferencia y la Espada Matadragones apareció en su mano en un destello de luz pálida.

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