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El despertar del Dragón romance Capítulo 573

Reinaldo vaciló al escuchar la advertencia de Jaime. A su lado, el corazón de Galileo dio un vuelco.

«Si Jaime puede demostrar que el Disco de los Ocho Trigramas es inútil e impotente, ¡entonces, las élites de Ciudad de Jade nunca nos dejarían salir indemnes!».

La multitud se quedó atónita al ver a Reinaldo dudar. Sus miradas se clavaron en el hábil geomante.

—¡Basta de tanta palabrería y muéstranos las pruebas! Yo fui quien autentificó el talismán. Por supuesto, sé lo que es. —Reinaldo se mordió el labio al ver las miradas escépticas de los espectadores. No podía permitirse perder su confianza.

—¿Lo escuchaste, niño? ¡Muéstranos lo que tienes! Si no puedes demostrar que estamos equivocados para hoy, ¡ninguno de nosotros te dejará ir fácilmente! —Servando se rio sin humor.

Jaime no le hizo caso a Servando y sacó una moneda del bolsillo. Colocó la moneda sobre la mesa y anunció:

—¡Todos, aquí tengo un increíble talismán para mostrarles!

Gritos enfurecidos surgieron de toda la sala al ver la moneda, que obviamente no estaba encantada.

—¿Qué demonios es esto? ¿No es solo una moneda?

—¿Llamas a eso un talismán? Si eso es un talismán, ¡tengo cientos de talismanes en casa!

—¿Crees que somos idiotas? ¿Cómo puede ser un penique un talismán?

La multitud arremetió contra Jaime.

Sin inmutarse, Jaime miró a Reinaldo y le preguntó:

—Señor Yarritu, ¿cree que esto es un talismán?

Reinaldo no sabía qué tenía Jaime bajo la manga, pero una cosa era segura: ¡esa era una moneda normal y no un talismán!

—Eso solo es una moneda. Es imposible que sea un talismán —respondió Reinaldo con seguridad.

—Incluso un mago experto podría hacerlo mejor que eso. ¿Incendiar una moneda? Cualquiera con conocimientos básicos de química puede hacerlo. ¿Piensas engañar a todos estos magos con ese patético movimiento?

—¡Eso es solo un truco para fiestas!

—¡Qué chiste! ¡Si eso es un talismán, entonces también lo es mi encendedor! Yo también puedo hacer aparecer una llama.

La multitud rugía de risa mientras ridiculizaban a Jaime, e incluso los autentificadores no estaban impresionados por él.

La única excepción fue Reinaldo. Su expresión cambió de forma drástica y el asombro se reflejó en sus ojos cuando se dio cuenta de lo que había sucedido.

Se dio cuenta de que la moneda que tenía Jaime en la mano no era nada especial. Sin embargo, la razón por la que se quemó no fue un truco de magia ni una reacción química, sino la minúscula matriz de fuego que Jaime había incrustado en ella.

Aunque la matriz de fuego no era una formación de hechizo compleja, introducirla en un objeto en tan poco tiempo era prácticamente imposible. Incluso si uno quisiera forjar un talismán, tardaría días, quizá semanas, en incrustar la matriz en el objeto elegido, por no mencionar que todo el proceso sería arduo y agotador.

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