El hecho de que Jaime pudiera crear una matriz de fuego dentro de la moneda con tanta facilidad asombró a Reinaldo.
Al notar que algo no cuadraba en la expresión de Reinaldo, Galileo susurró:
—Señor Yarritu, ¿se encuentra bien?
—Ese niño es muy hábil con la magia. Le subestimamos.
Las cejas de Reinaldo se juntaron con fuerza mientras fruncía el ceño.
—¿Qué? —exclamó Galileo, incrédulo.
Ser elogiado por Reinaldo era un testimonio de las habilidades de uno, y recibir un cumplido a una edad tan temprana significaba que los poderes de Jaime eran de otro mundo.
—¿Qué vamos a hacer? —preguntó Galileo. El pánico se filtró en su voz.
—No podemos dejar que mire el Disco de los Ocho Trigramas. Tenemos que tomarlo y abandonar este lugar —fue la solemne respuesta de Reinaldo.
Asintiendo enérgicamente, Galileo aceptó.
—¡Muy bien!
Mientras tanto, Jaime ignoró todos los abucheos y recogió la moneda. La frotó entre los dedos para apagar el fuego y se la guardó en el bolsillo.
—Señor Yarritu, por favor, traiga el Disco de los Ocho Trigramas para que podamos comprobar si realmente es un trozo de madera inútil.
Jaime miró a Reinaldo, con una sonrisa significativa en los labios.
Sin embargo, Reinaldo tomó el Disco de los Ocho Trigramas y rechazó:
—Acabemos con esta tonta discusión. Estoy cansado de debatir si este disco es un talismán o un trozo de madera inútil. Estoy seguro de que todos los presentes saben que cada talismán tiene una vida útil. Cada vez que actives su matriz, se consumirá la energía contenida en el talismán. No quiero desperdiciar esta preciosa energía en una discusión sin sentido.
La táctica funcionó a las mil maravillas. En un instante, los ojos de todos se iluminaron con codicia.
«Aunque solo sea un trozo de madera, se convertirá en un tesoro una vez que el Señor Yarritu inyecte la matriz de geomancia».
Galileo y Reinaldo compartieron una mirada cómplice mientras la multitud se entusiasmaba. El sentimiento de triunfo absoluto bullía en su interior.
—Señor Zambrano, ya que el objeto le pertenece, ¡puede pedir un precio! —le indicó Servando.
Jaime, que estaba a punto de rebatir las afirmaciones de Reinaldo, se detuvo al ver la expresión de entusiasmo de Servando.
«Ya que esta gente está tan dispuesta a ser estafada, ¡entonces los dejaré en paz!».
—Muy bien, ya que todos fueron testigos del poder del Disco de los Ocho Trigramas, ¡entonces empezaré con cien millones! Esta subasta solo permitirá un incremento mínimo de diez millones, ¡y el mejor postor obtendrá el objeto! —anunció Galileo con el dedo levantado.

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