Justo cuando Jaime comenzaba a sentir enormes gotas de sudor sobre su frente, se escuchó un fuerte golpe al abrirse la puerta de entrada de la mansión; tan solo un momento después, Tomás y Fénix aparecieron en la cocina y al vislumbrar la íntima escena al ingresar en la pequeña habitación, Tomás no pudo evitar decir, avergonzado:
—¡Señor Casas, lamento interrumpirlos! Le prometo que intentamos llamar, pero no tuvimos éxito. —En ese momento, el hombre sintió el corazón acelerársele, antes de añadir—: Nos iremos para que puedan continuar con su rutina matutina…
Junto cuando ambos guerreros se disponían a marcharse, Jaime exclamó en un chirrido lleno de desesperación:
—¡Esperen! —Al escuchar su reacción, Tomás y Fénix lo miraron, boquiabiertos, por lo que Jaime tuvo que intentar tranquilizarse un poco; tras una breve pausa, continuó—: ¡Tomen asiento para acompañarnos en el desayuno! Supongo que deben sentirse hambrientos, después de una intensa noche de trabajo; además, Lilia cocinó un pequeño banquete que no podré terminar solo… —Al decir esas palabras, se apresuró a ponerse de pie para comenzar a preparar la mesa con la vajilla; entonces, todos permanecieron en silencio un momento, hasta que Jaime decidió indagar—: Ahora díganme cómo me encontraron; después de todo, nadie sabe de mi regreso a Ciudad Higuera.
En efecto, el apuesto hombre había decidido mantener aquellas noticias en secreto, pues no deseaba interrumpir el entrenamiento de sus discípulos, pues sabía que solo de esa manera, podrían mejorar su nivel de cultivo de energía; por ello, no pudo ocultar su sorpresa al verlos en su hogar. Mientras aguardaba por una respuesta, prosiguió a meditar:
«Es muy importante que Tomás y Fénix logren el nivel para alcanzar el título de Gran Maestro; de otra manera, no podremos derrotar a nuestros enemigos, quienes se vuelven cada vez más poderosos».
De hecho, en los últimos meses y con ayuda de las pastillas energizantes, los guerreros se habían concentrado en aumentar sus habilidades para cultivar energía, pues sospechaban que no tardarían en enfrentarse a sus enemigos; en consecuencia, el motivo de su visita traería noticias inesperadas.
—En realidad, el Señor Gómez nos dijo dónde podríamos encontrarlo… —respondió Tomás, casi en un susurro.
—Bueno, estoy seguro de que Arturo no revelaría esa delicada información si no se tratara de un asunto muy importante, así que les sugiero hablen de inmediato. —La voz de Jaime resonó en tono severo al hablar con sus discípulos.
—De acuerdo —susurró Fénix, antes de añadir—: Señor Casas, desde su victoria sobre Silvio, los clanes de artistas de las artes marciales no solo de Jazona, sino también de Nutana desean nombrarlo jefe de la Alianza Marcial, la nueva organización entre ambas naciones. —La voz de la joven resonó en tono tímido al terminar con su explicación.
Mientras permanecía en silencio por un momento, Jaime no tardó en responder de manera contundente:
—¡De ninguna manera! —Entonces, dejó escapar un enorme suspiro, exhausto, antes de continuar—: De hecho, no me interesa formar parte de ningún grupo élite en el mundo de las artes marciales, pues debo atender asuntos mucho más importantes, así que necesito que les informen acerca de mi decisión.
Ante sus palabras, ambos guerreros parecían nerviosos al entrelazar las miradas, por lo que, al notar su extraño comportamiento, Jaime no tardó en reprocharles:
—¡No puedo creer que se hayan atrevido a hablar por mí!



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